domingo, 31 de octubre de 2010

Día de echarte de menos.

A pesar de sentirme ya casi en plena forma emocional, aún hay momentos, pequeños segundos, que apareces en mi memoria de forma fugaz, casi siempre en esos momentos en los que todo me desborda, en los que me siento sola, en esos momentos en los que quisiera mirar a un lado y verte ahí, y que me cogieras de la mano y me dijeras que todo va a ir bien. Pero no estás, y también acude a mí en forma de oleadas fugaces la tristeza, por no tenerte cerca, por no poder siquiera ya ni hablar, y es mejor así aunque esté triste y te eche de menos en las noches frías, y recuerdo que abrazarte era dejar a un lado mis cargas y poder descansar. Pero en este tiempo ya no has vuelto más, a pesar de que aún albergaba alguna esperanza de verte aparecer de nuevo, quien sabe si con una disculpa o con una flor, o con un sentimiento nuevo, o con algo más que ofrecer que un simple vuelo a tu mundo infantil. Pero no has vuelto, ni tú ni ese aire despreocupado, ni tan solo tu sonrisa, que ya empieza a borrarse de mi recuerdo aunque permanezca en nuestras fotos juntos, y las miro de vez en cuando y veo la luz de tus ojos al mirarme, tu mano acariciándome el pelo, y tu sonrisa limpia a dos centímetros de mí.
Y siento la melancolía de no tenerte ahora, que es cuando más te necesito, porque hay días en los que me agotan las rutinas y la gente me desborda, y porque aún no he encontrado otro lugar, aún me voy a dormir con la mochila llena de piedras, y soy incapaz de ponerme a buscarlo, pero sé que necesito encontrarlo de una vez… Quizá algún día vuelva a hallar un lugar donde simplemente ser yo misma, liberarme de todo y encontrar la paz, un lugar que no seas tú.

sábado, 30 de octubre de 2010

De los nervios...

Hoy tengo ganas de gritar… Abriría la ventana y gritaría con todas mis fuerzas, aunque me miraran raro, aunque me tacharan de loca… pero es que hoy llevo ya el día cruzado, porque estoy en uno de esos momentos en los que parece que todo sale mal… ¿Será verdad eso que contaban en el libro de “El secreto”? Y es que alomejor soy yo, que sólo hago que enviar mensajes negativos al universo, pero es que hay días que no sale nada más que eso, días como hoy, en los que la incompetencia de los demás consigue sacarme de mis casillas y lo único que quiero es gritar… ¿Tanto cuesta trabajar bien?
(… Sigo liada con arreglos en casa…)

viernes, 29 de octubre de 2010

Aprendiendo.

Hoy he rememorado tiempos pasados, he recordado momentos vividos con estrés y miedos, pero con muchas ganas y emoción, todo gracias a esta mañana, cuando he llegado al hospital y he acabado en el servicio de UCI de cirugía cardíaca y me han asignado el box que me tocaba llevar. Y yo entro como todas las mañanas, ahí donde me pongan, con todas mis ganas y el sueño que arrastro a primera hora, pero siempre contenta y dispuesta a aprender algo nuevo o a tener una mano que coger o una palabra que decir. Y empiezo revisando mi box, los dos pacientes que llevo, las medicaciones, las gráficas del día anterior, y mientras estoy enfrascada en las tareas de la primera hora, escucho una vocecilla a mi espalda que me saluda y me dice que hoy está conmigo.
Y al girarme me encuentro a una chica que me mira, nerviosa, sujetando una libretita entre las manos, la nueva estudiante de prácticas, que lleva sólo tres días en el hospital y que se encuentra como un pez de pecera de repente arrojado a la inmensidad del mar, con agua salada, demasiado espacio y depredadores varios que no dejan de acechar y parecen vigilar continuamente cada movimiento; y en ese instante, mi cabeza hace una ligera regresión para recordarme ese momento en el que yo viví esa situación y me encontré igual, con la sensación de asfixia, los miedos y las ganas que son las que, en el fondo, te hacer seguir adelante y aprender. Y es que esos días en los que empiezas es como un aterrizaje forzoso donde parece que nadie te hace caso, y la jungla hospitalaria te absorbe, te contagia de esa locura mágica en la que acabas aprendiendo en muchas ocasiones a base de golpes, pero que sin embargo, es capaz de mostrarte al mismo tiempo su cara más dulce.
La mañana de hoy, por tanto, ha resultado ser más docente que otra cosa, y he podido disfrutar de volver a repasar trabajos, conceptos, definiciones… y lo mejor de todo, revivir ese momento en el que estás a punto de cumplir un sueño, porque en la ilusión de los ojos de mi estudiante he logrado ver el reflejo de mí misma.

jueves, 28 de octubre de 2010

Urgencias.

Los pasillos y las salas estaban llenos ya a primera hora, y en mitad de la penumbra, de algunos sonidos lejanos de monitores encendidos, demasiadas sillas ocupadas por gente en mala postura, se nota que han dormido mal y las horas se han hecho demasiado largas; horas de espera, agotadoras, camillas duras, sillas incómodas, con un tic tac imaginario que parece clavarse en la piel, y sin apenas noticias, ni buenas ni malas, simplemente desesperar… Y yo llego puntual, como cada mañana, sin saber qué voy a encontrarme, y antes de entrar me quedo un momento en la puerta y observo el panorama, respiro hondo y pienso que el día va a ser de esos en los que no paras, ni entiendes nada, ni siquiera puedes organizarte, porque ya se ve venir el caos. Y en ese momento, lo que menos me preocupa es lo que hay, porque sé que la mañana es larga y aún queda mucho por venir, y ya se respiran las ganas de unos por irse y el sueño de los que acabamos de llegar.
Y no da tregua, no hay un momento de respiro, sólo correr arriba y abajo, esquivando compañeros que corren de un lado a otro, camillas que se amontonan en los pasillos, situaciones desesperantes, faltas de respeto de unos, exigencias de otros, que te llamen “señoritaaaaaa” continuamente y ser incapaz de atender a tal batallón que no hace más que aumentar por segundos… ¿Cómo puede ser que quepa tanta gente en un sitio que se está quedando pequeño? Y es que el hecho de que estén ampliando el servicio de urgencias es alentador, sobretodo en mañanas como hoy, donde la desesperación por llegar a todo es simplemente desbordante… Estoy rendida, pienso, es imposible abarcar tanto, se me amontonan las medicaciones por poner, no quiero retrasar los antibióticos, las vías no funcionan, los pacientes se quejan por la espera, otra analítica que sacar, ahora un electro, llamar a unos y a otros… No puedo más… Y después llegar a casa y no encontrar aparcamiento, un desastre; al final, como última opción, siempre me voy a aparcar a la playa, ahí siempre encuentro algún hueco y, más que eso, el azul del mar enviándome toda la energía positiva en días caóticos como este.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Aprobado, descanso.

Hoy tengo el pelo revuelto, los labios rosas y la sonrisa puesta. Me he levantado de un brinco incluso antes de que sonara el despertador, parece que la energía ha vuelto a mí. Y es que ahora, después de estos días de locura y de nervios, por fin me siento liberada de una gran carga, como si me hubiera desprendido de una mochila llena de piedras, y así, desde esta nueva tesitura, me encuentro con demasiado tiempo libre que hasta me cuesta llenar. ¿Será que me he olvidado con tanto estudiar del placer de no hacer nada? Al menos, la satisfacción de haber aprobado, un pequeño paso en este momento, y un animarme para la próxima convocatoria, que sin duda me tomaré más en serio, quien sabe si pronto veré esta meta conseguida… De momento, relax hasta nueva orden, y me da por cerrar los ojos y escucharme a mí misma, y descubro, complaciente, que mi cuerpo y mi corazón me dicen que es tiempo de ser feliz. Quizá pronto deje de ser Wendy para siempre…

Otra vez la ventana...

No pretendo seguir asomándome a la ventana todos los días… De hecho, he decidido correr hasta las cortinas para evitar la mínima tentación de estirar el cuello de vez en cuando y mirar, aunque sólo sea a través del cristal, por si te da por aparecer otra vez, sobrevolando el cielo en mitad de la noche y deteniéndote en mi balcón. No es mi intención esperar que eso ocurra, porque parece ser que ya está sobrepasada la fecha de caducidad, y sé que no me hablarás más, que a pesar de ser yo la que está dolida, herida, hundida en la miseria, perdida y ahogada en el silencio, esta vez no volverás a hablarme, ni a contarme que te da miedo ser como eres, que en el fondo te asustan demasiado las alturas, que no he sido más que una intrusa en tu vida, y que no puedes volver. Y yo trato de tragar todo esto y se me queda obstruido en la garganta, provocándome hasta asfixia, y miro a mi alrededor y no hay ningún recuerdo de Nunca Jamás, entonces pienso que al final sí que parece que has decidido quedarte allí para siempre. En el fondo sé que lo sabes, que ya se te ha quedado pequeño, que pronto habrás crecido tanto que ya no entrarás en tu traje verde, y los niños de la entrada no te reconocerán, y te quedarás solo y triste volando por los cielos, quien sabe si buscando otras ventanas donde picar, quien sabe si aún recuerdes la mía… No sabría qué decirte si volviera a verte otra vez, si me tendieras la mano y me invitaras a volar… Quizá entonces volvería a sentir esa fuerza de atracción que me invita a cogerte de la mano y dejarme caer en un cielo azul, y sentir el hormigueo que produce volar contigo, tal vez sin destino fijo, quien sabe si se trataría sólo de un paseo rápido para quitarnos la morriña de estar separados, y fantaseo con ese momento una y otra vez, mientras intento mirar incluso a través de las cortinas, pero ni rastro de ti, ni de tu pelo enredado, enmarañado del viento, ya sabes cómo nos despeinábamos al volar juntos, y nos comíamos cada rincón con la mirada, mientras el aire nos revolvía la ropa… Recuerdo con todo detalle el sabor de tu saliva, el olor de tu piel, el tacto de tu pelo, parece que aún puedo sentir la suavidad de tu cara en la yema de mis dedos, el calor que desprende tu cuerpo, y me viene a la cabeza la sensación de tenerte entre mis brazos, de rozarnos la piel, de respirar tu aire… Quien sabe si vuelva a ocurrir todo eso alguna vez…Pero ya no queda nada, esta vez no hay más que cajones vacíos, mil silencios que hacen eco en casa, que mi voz rebota con las paredes y me devuelve tu nombre y tu persona, en cada detalle, en cada rincón, porque estás en cada esquina, recorriendo las paredes, dibujando tu figura entre las sombras, y de pronto encuentro algo tuyo perdido al fondo del armario, o en cualquier rincón olvidado, y sólo pienso en volver a verte. Aparento fuerza, sin embargo, he vuelto a dejar olvidado poner el pestillo a la ventana…

martes, 26 de octubre de 2010

Piedra(s) en el camino.

Tropezar una y otra vez con la misma piedra es algo característico de la condición humana. Y así funciona la secuencia… tropiezas, caes, te levantas, te sacudes el polvo de la caída, avanzas, superas el dolor del golpe y, cuando estás bien, otra vez aparece la misma piedra, y toda la historia se repite, es cíclico, parece que necesitamos pasar por las mismas fases una y otra vez… Y a pesar de conocer el desenlace, volvemos a lo mismo, a caer en la farsa de pensar que esta vez no ocurrirá, que serás capaz de esquivar la piedra del camino, la misma piedra de siempre, piensas que podrás simplemente obviarla y seguir avanzando, ya vendrán otras piedras con las que tropezar… Sin embargo, vuelves a caer, en la misma piedra, y lo peor no es eso, es cuando la piedra tiene nombre y apellidos y se empeña en aparecer una y otra vez…
Esquivando, esquivando, esquivando… y cerrando la ventana…

lunes, 25 de octubre de 2010

Liberando la mente.

A pesar de que ahora parece que se está nublando un poco, de que empiezan a aparecer un conjunto de nubes grises en un cielo que ha amanecido azul y radiante, a pesar de eso, ha sido una mañana fantástica. He podido liberar la mente, despejarme, respirar el aire salado y perder la mirada en el azul brillante del mar. Las olas iban y venían pausadamente en un mar en calma, produciendo ese murmullo relajante que, si cierras los ojos, parece transportarte a algún lugar lejano, y el aroma a salitre, la arena fina, el calor de un sol de mediodía bañando mi cara… No tiene precio… Hoy, después de estas semanas de agobios, de apenas salir, de no tener tiempo libre para mí, de nervios y de estrés, hoy por fin he podido evadirme de ese mundo, salir a pasear por la playa, con un libro en la mano, y caminar descalza por la arena fina mientras pienso… qué afortunada soy de poder vivir al lado del mar.

domingo, 24 de octubre de 2010

Día de oposiciones.

Ya queda poco para arrancar esta hoja del calendario que lleva marcada desde hace tiempo, ya se acaba este día lleno de nervios y de desahogo, de dormir poco y mal, de tráfico de apuntes y exámenes anteriores, de hacer test y preguntarnos unos a otros en el hospital, a veces ya incluso rozamos lo absurdo o incluso nos llegamos hasta a reír de la situación. Y allí hemos ido todos, conscientes o no, algunos animados, otros demasiado nerviosos como para apenas hablar antes de entrar, y el caos de encontrarte con la gente, de buscar tu aula, todo parece una odisea hasta que por fin has conseguido encontrar el sitio exacto que te toca, y tras identificarte, te sientas en un aula enorme y vas viendo pasar el desfile de caras pálidas y nerviosas, todo un espectáculo. Luego toca esperar a que empiece, y cuando lo hace, te aíslas del mundo y sólo te centras en el montón de hojas que tienes ante ti, con demasiadas preguntas, y empiezas una carrera a contrarreloj, donde sólo existen dudas, aunque sean cosas que sabes, porque estos exámenes son expertos en hacerte dudar en cada pregunta… Por suerte, una compañera y amiga me ayudó con un buen trozo de chocolate antes de entrar, he tenido que darle al cerebro un último empujón de glucosa, no pensaba que pudiera necesitarlo tanto!
Y al salir, parece que la energía se ha evaporado y queda sólo ver las caras del resto, por si realmente ha sido demasiado difícil o sólo te lo ha parecido a ti… Y ves a todo el mundo repasando apuntes, comparando respuestas, y yo sólo quiero irme a casa y dormir… Pero es sólo una sensación, porque no he podido evitar pasarme buena parte de la tarde revisando el examen…
Gajes del oficio, supongo. Porque ser enfermera no es sólo hacer una carrera y ya está, por suerte o por desgracia, te tienes que estar preparando siempre, y vivir luchas como esta de hoy, por la que vale la pena luchar, aunque haya pocas posibilidades… Sólo me conformo con aprobar… ¿Habré tenido suerte?

sábado, 23 de octubre de 2010

Otra noche...

Ya no existe, ya se ha ido. Y su lado de la cama permanece frío, las sábanas siguen lisas, sin los dibujos que hacía su cuerpo al moverse, y yo no me atrevo a ocupar ese lugar por si regresa, ni a vaciar sus cajones, por si le da por volver… Y las noches son frías y extraño su cuerpo, el calor que desprende su piel, el olor que quedaba flotando en el aire cuando estábamos juntos, y se me eriza la piel sólo al recordarlo. Lo peor es el silencio, el no escuchar su respiración suave durante la noche, pausada, tranquila, que muestra la relajación absoluta de ese cuerpo que me produce escalofríos; y muchas veces me despertaba en mitad de la noche para, simplemente, observarlo. Su pelo revuelto derramado por la almohada, su expresión dulce, su rictus de sosiego, me daban ganas de acercar mi mano y rozar su piel, tocarle la cara, acercarme mucho y respirar su aire, seguir con la mirada cómo sube y baja el tórax con cada respiración… Y ahora se ha ido, sin más, y echo de menos sus manos sobre mi cuerpo, los abrazos, los besos robados de madrugada, y el vacío que ha dejado es grande y de color gris, como el color de las sábanas del último día que dormimos juntos.
Amanece de nuevo. Parece que he superado otra noche de ausencia…

Estudiar, estudiar, estudiar...

Aún me cuesta levantarme más cuando me toca trabajar el fin de semana, que es bastante habitual. Me levanto como todos los días y funciono igual, pero las calles están mucho más vacías, apenas hay tráfico, y al llegar allí, los habituales pasillos largos del hospital están más oscuros, sin vida, sin gente que camine arriba y abajo, sin ajetreo de batas blancas rondando; y escucho cómo resuenan mis pasos ante tal silencio, y bostezo otra vez, cómo me gustaría haberme podido quedar durmiendo, tengo tanto sueño que no sé si aguantaré hasta que pueda hacer un café rápido antes de empezar la “lucha” del día. Y me cambio con pereza, con movimientos lentos, y en el vestuario nos vamos encontrando ya la gente de siempre, y parece que ya empiezan a surgir las primeras sonrisas del día. Y ya, de camino a la unidad asignada que acabo de descubrir, parece que ya me voy animando y pienso… si en el fondo el fin de semana es cuando mejor se trabaja, y es verdad, es todo mucho más tranquilo, con ese toque de calma. Y hoy ha sido una de esas mañanas que pasan volando, que la compañía es tan buena que apenas te paras a pensar que estás pasando el sábado allí, llena de risas y de compartir historias, y sobretodo nervios. Mañana es el gran día del examen y se respira en el ambiente; sé que no tengo muchas posibilidades, quizá otro año será, pero a pesar de eso, no puedo evitar estar un poco nerviosa, porque estos días son un poco caóticos, y ya tengo ganas de que acabe todo y olvidarme de apuntes, libros y test por un tiempo, estoy saturada de información… Este pequeño lapsus de tiempo me he escapado a escribir y ahora, otra vez, vuelvo a sumergirme en este mar que, sinceramente, ya me está ahogando un poco… ¿Quién quiere ser funcionario?

viernes, 22 de octubre de 2010

No seamos enemigos.

Hoy no tengo mucho tiempo que dedicar a escribir, sólo una pequeña entrada, ya que estoy apurando las últimas horas antes del examen... Sí, ya sé que las posibilidades que tengo son bastante escasas, pero no hay que tirar la toalla nunca, y nunca se sabe, la vida te da sorpresas, incluso quien sabe si alguna de este tipo...
Soy incapaz de estudiar en silencio... Sí, ya sé que soy rara, pero necesito escuchar algo, y casi siempre me pongo música de fondo, parece que me concentro más así...
Hoy dejo la letra de una canción que, simplemente, me encanta, por la música y la letra, porque dice muchas cosas y me siento tan identificada... El cantautor, gran artista para mí... Dani Flaco, te escucho porque siempre acabas emocionándome con letras como esta... Eres un poeta.

Bajo este cielo azabache, mi sombra llora en silencio,
déjame que me emborrache que en olvido me licencio...
Cómo duelen los finales,  cómo hieren los recuerdos,
cuéntame que de algo vale lo que gano si te pierdo...
Deja de jugar conmigo, sé sincera, no te mientas, no te puedo amar a tientas...
No seamos enemigos...
Deambulando por el caos de esta vida que extravío,
se me escapa con el vaho el alma, muerta de frío.
Y mis ojos hoy se enfrentan a estos versos empapados
por dos gotas de tormenta de un futuro caducado.
Deja de jugar conmigo, sé sincera, no te mientas, no te puedo amar a tientas...
No seamos enemigos.

jueves, 21 de octubre de 2010

No soy un Vademecum.

Siempre estoy dispuesta a solventar dudas, siempre que esté en mi mano, respecto a cualquier tema hospitalario, medicamentoso, sintomático, patología común, dígase gripe, resfriado, dolor aquí o allá… pero hay veces que, simplemente pienso… ¿la gente se cree que lo sé todo? Afortunadamente, salgo del paso casi siempre, pero a veces sí que la gente me llega a poner en un aprieto. Si me duele aquí y me tomo esto que le ha ido bien a mi vecina, ¿qué me pasa?, lo puedo hacer ¿verdad?, me ha dicho tu madre que eres enfermera, pues a ver si me puedes traer del hospital… y bueno, si aún me dijeran bien el nombre del fármaco en sí, o de lo que les pasa, aún algo en claro se podría sacar, porque he oído desde “que soy alérgica al azúcar” y me ponen ursulina (insulina), o que “me tengo que tomar la panceta todos los días porque tengo mal el estómago” (dígase pantecta, alias omeprazol), o que si me han mandado el “tigreton” (tegretol), o que si para el dolor me puedo tomar el "colocatil" (gelocatil), o lo mejor  cuando me dicen simplemente ¿para qué son esas pastillitas pequeñas amarillas? Me las han mandado y como no me he enterado en el médico, pues a ver si me lo puedes decir tú… pero… ¿cómo se llaman las pastillas? Pues no sé, ya te estoy diciendo que son pequeñas y amarillas…
En fin… la diversidad del mundo farmacéutico, la jerga hospitalaria, para mí es lo más normal del mundo, pero tengo que reconocer que un porcentaje alto del vocabulario hospitalario es simplemente inutilizable fuera de allí. Porque todo tiene nombres raros, largos, que cuesta pronunciar o retener, porque nos acostumbramos a utilizar una verborrea única que a veces parece otro idioma, por no decir de las siglas, porque hasta cualquier microorganismo tiene un nombre propio con apellidos… Y no nos damos cuenta cuando hablamos con los pacientes y utilizamos toda esta jerga propia que a veces parece todo un enigma por resolver… ¿Carencia de empatía o cuestión de rutina?

Fecha de caducidad.

Quien me iba a decir unos meses atrás que ahora iba a estar enfocando mi vida hacia otro lado… Cuando empezamos, tenía la certeza de que esta vez sí iba a salir bien por fin, todo apuntaba a un éxito asegurado, nunca me había sentido tan plena, tan especial, tan querida, y sin embargo, de la noche a la mañana, todo cambió de repente, sin explicación, sin saber por qué. Cuando no existen los motivos todo es más difícil de llevar, cuando no hay peleas, discusiones, cuando simplemente todo es perfecto y de pronto te das cuenta de que ese estado de perfección era un espejismo.
No sé si era porque hacía demasiado tiempo que vivía en la tierra y no subía al cielo, no sé si era porque no estoy acostumbrada a sentirme una princesa, no lo sé… Pero sí me llegué a sentir en un punto perdido entre el cielo y el suelo, sin saber qué hacer realmente, sin saber si emprender un vuelo improvisado y seguir subiendo o dejarme simplemente caer de nuevo, intuyendo que el golpe sería lo suficientemente duro como para hundirme sin remedio en un subsuelo oscuro y frío. Y me costó seguir adelante, sin saber si dejarme llevar era realmente la mejor opción o si plantearme dudas o preguntas sólo valía para crear pequeñas grietas en algo que se preveía sólido y mágico… Y las dudas iban y venían, porque seguía subiendo tan deprisa que el miedo de romperme las alas era demasiado grande, aunque no cabía en mi cabeza que el cielo pudiera desaparecer así. Y entonces, de pronto, la desolación… El abandono… La sensación de sentirte un juguete o un pasatiempo… Y no puedo entender que alguien sea capaz de romper vínculos de esa manera, como si no importase nada, ni tantos momentos vividos llenos de magia, tantas tardes cogidos de la mano sentados en cualquier sitio, tantas horas muertas de tan solo mirarnos a los ojos... No entiendo cómo puede ser tan fácil para alguien cambiar de un día para otro, amanecer una mañana y decidir tirar por la borda las ilusiones, los pequeños sueños construidos, los planes hechos con ahínco día tras día, minuto a minuto, tantos momentos juntos que ahora parece que no valen nada...
Ahora sólo me queda intentar olvidar, aunque guarde demasiados momentos mágicos y tantas palabras que ahora flotan sobre mí buscando el mejor camino para, simplemente, irse… Olvidar… Eso es lo más difícil, engañar al corazón para que ya no siga sintiendo más, decidir “pasar” una página que recién había empezado y dejar de lado los planes y los castillos en el aire.
Una noche llena de felicidad que trajo un amanecer lleno de tristeza.
Lo peor, en el fondo, es que odio seguir hablando de forma indirecta de Peter Pan, aunque en realidad no se trata de hablar de él, es simplemente que siento la necesidad de expresar el vacío que ha dejado, más que su persona, la sensación de sentirme querida de una manera tan especial. Porque el vacío se llena al exponerlo, se llena de aire limpio, de sonrisas, de recuerdos, se llena de nuevas ilusiones y desencantos, y es preferible mostrarlo porque si se esconde, el vacío siempre permanece ahí, siempre queda dejando un lugar hueco, y las paredes se atrofian, y el espacio inerte se enquista, y simplemente se convierte en una espina que no acaba de liberarse nunca, que se queda clavada en el corazón y te hace ir desangrándote gota a gota hasta que la tristeza es lo único que queda.
Los vacíos, simplemente, dejan de estarlo cuando ves con los ojos del alma y descubres que, en realidad, la felicidad puede estar justo detrás, y que la luz al final del túnel es tan sólo un principio anunciado… Como dice Fito… cerca del final, donde todo empieza… Si es que todo tiene fecha de caducidad, lo queramos o no.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Redecorando sola.

Hoy vuelto a tener lío en casa, esta vez tema de muebles… Hace poco que vivo sola y aún estoy en pleno proceso de adaptación, de hacer del lugar algo mío, darle mi toque, mi color, mi forma… Es cierto que es difícil hacerlo sola, pero a la vez de lo más emocionante, puesto que cada rincón es sólo mío y va a ser un identificativo de mi persona. Pero hoy, en pleno apogeo de subidas y bajadas, de montajes varios, de ponerme otra vez a limpiar cuando acabe el desastre, y a pesar de la satisfacción de ver cómo poco a poco voy construyendo un hogar, me he dado cuenta de la tristeza que me embarga cuando veo todo esto, ya que no hace nada que estábamos juntos escogiendo cada pequeño detalle… Peter Pan estuvo conmigo, escogimos juntos lo que hoy me están trayendo a casa, y sí que es cierto que da un poco de nostalgia, pero es sólo momentáneo, pues la satisfacción que tengo por mí misma es mucho más grande que cualquier momento (pequeñito e inevitable) de debilidad.

¿Bloqueo emocional?

Será porque estoy en plena fase de “desenamoramiento” pero me siento bloqueada. Y es que el desamor duele, te deja chafado, en mi caso me da sueño, apenas tengo ganas de comer, o me da por comer demasiado. A veces me pongo a hacer bizcochos o magdalenas, o a ver pelis de miedo o de llorar. El desamor tiene eso, parece que produce una alteración hormonal, una cascada imposible de frenar que, simplemente, tiene que dejar de fluir por sí misma. Y me bloqueo, me incomunico, me aíslo, es lo que tiene… Supongo que es un estado completamente normal, y aunque con el paso de los días las cosas se van calmando, siempre queda ese pequeño resquicio de dolor que de vez en cuando te recuerda que está ahí, con pequeñas punzadas en el corazón, con recuerdos o con imágenes que van y vienen.
El bloqueo emocional por suerte acaba marchándose tarde o temprano, y sé que pronto podré volver a ser yo misma; es lo bueno de haberme caído tantas veces, que ya me conozco lo suficiente como para saber que, aunque ahora tenga las rodillas peladas de la caída, pronto podré andar nuevamente e incluso correr… ¿en busca de qué? Ni idea… sólo correr con la satisfacción de sentir el aire fresco sobre mi cara y el olor a limpio, porque las relaciones “sucias”, por suerte, siempre quedan atrás.

martes, 19 de octubre de 2010

Cáncer de mama.

Pequeña nota en el día de hoy, día del cáncer de mama. Por ser mujer me solidarizo con aquellas que lo padecen, lo han padecido, y con aquellas que lo padecerán en algún momento de su vida. Porque sé que es duro, porque lo he visto muchas veces, mi trabajo me ha dado la oportunidad de vivir numerosas historias relacionadas con este tema, y sé que el pronóstico es muy favorable con una detección temprana. Y es que la palabra "cáncer" siempre asusta, siempre da lugar a pensar en lo peor, y nada más lejos de la realidad. 
Hoy desde aquí, a pesar de ser una voz a medias, y en mi día a día en el hospital, me uno a la causa, que para mí todos los días son dignos de recordar tal patología y las secuelas que deja en la mujer. Que una mastectomía no implica una pérdida de la feminidad, ni ser una mujer a medias, que el corazón y el alma son los mismos, y que gracias a los avances de la medicina, se puede reconstruir una vida, un pecho y una ilusión por salir adelante.

Esfuerzos que valen la pena.

Hoy tengo día de ajetreo en casa… No hay peor cosa que tengan que venir a hacer arreglos a casa; nada más y nada menos que cambiarme dos puertas… tengo tal jaleo que cuando se vayan los chicos no sé por dónde voy a empezar a limpiar y a ordenarlo todo… En fin, al menos parece que el resultado es bueno, y las puertas están quedando bien. Es lo bueno de estos momentos, como de tantos… cuando algo que supone un esfuerzo acaba dando un buen resultado, y es que por lo menos, cuando todo acaba, puedes decir… ha valido la pena.
Por suerte o por desgracia, con las relaciones no es tan fácil, porque a veces te esfuerzas en conseguir algo y no hay resultados, o sale todo mal, entonces es cuando viene la frustración y preguntarse por qué esto o por qué lo otro… Hoy por hoy, me basta con fijar la vista al frente y dejar de lado los viejos fantasmas, centrarme en las cosas buenas que van pasando, corrigiendo errores, simplificando rutinas, y días como hoy, empeñar todo mi esfuerzo en arreglar este desaguisado que tengo en casa, sin importarme el tener que estar yo aquí sola, y apenas sin pensar en Peter Pan, que ya ha dejado de dar señales de vida desde hace unos días, será que le remuerda demasiado la conciencia, o será que quizá sí es verdad que no le importe nada, no lo sé, ya ni siquiera me interesa saberlo, porque no está aquí conmigo, afrontando mi día a día, y no deja pasar ni uno de mis rayos de luz hacia su persona. Esta vez, como dije, la decepción fue demasiado grande, y aún así, hay momentos en los que lo añoro, será que mi naturaleza de mujer es capaz de quedarse sólo con las cosas buenas y la capacidad de olvidar los chascos esté más presente de lo que yo pensaba. De una forma u otra, da igual, no importa nada, porque a fin de cuentas, en esta soledad estoy encontrando esa parte de mí que es capaz de vivir sin él y que cada vez ocupa un lugar mayor en mi corazón.

lunes, 18 de octubre de 2010

Exitus.

Porque no te acostumbras nunca a según qué cosas… Porque hay momentos en los que decir “lo siento” se convierte en lo único que se puede hacer, aunque no tenga sentido.
La sensación de estar en ese punto, de ser tú quien aprieta un botón, quien a fin de cuentas le pone una hora a ese momento… quien provoca un mar de lágrimas, quien acelera un adiós o hace que un corazón deje de latir…
Es un susurro, un segundo que se convierte en una eternidad, un ver disminuir un amasijo de números, de esperar una línea isoeléctrica en el monitor, y no hay más, nada más que hacer ni que decir, nada que aportar. Mantener el silencio, el respeto, una palabra que no importa, una mirada, un poner la mano en el hombro o simplemente estar ahí…
No puedo evitar vivir intensamente este segundo plano y sentir en mi propia piel cómo se me forma un nudo en el estómago, cómo siento escalofríos o cómo incluso, me invade la tristeza. Es tan difícil decir adiós, asumir que la despedida que lleva días anunciándose está a tan solo unos minutos, es simplemente la vida. Yo decido cuándo y cómo será… Tú misma, me dicen, y es un peso que simplemente me supera…
Y después, tras la despedida, el momento más frío, donde la vida ya no existe y el envoltorio del alma yace sobre la cama, y mi trabajo en ese momento cobra un sentido extraño, porque ya no hay dolor, no hay nada, sólo preparar un cuerpo para presentarlo a la familia. El momento, a pesar de lo crudo, produce en mí el mayor de los respetos.
Y hoy, entre canción y canción, el último viaje, el último trayecto hasta el lugar más desagradable, sin embargo, toda la delicadeza del mundo puesta en cada gesto, en cada palabra… Hoy me quedo con eso, con la complicidad, con la suavidad, con lo dulce de un momento tan áspero, con la buena compañía y el intercambio de sonrisas. Hoy me quedo con eso, y con pensar que a veces es bueno dedicarle un tiempo a pensar en lo que somos…
Porque días como hoy solo necesito cerrar los ojos y dormir, sentir un abrazo que me libere de mi vulnerabilidad y me haga descansar.

domingo, 17 de octubre de 2010

Pequeños mundos por descubrir.

Quiero escribir, es algo que me encanta hacer, casi nunca me cuesta ponerme delante del ordenador y, simplemente, dejar que las palabras fluyan entre mis dedos; muchas veces hay cosas que contar, otras tan sólo cosas que reflexionar, pensamientos, inquietudes… No es de extrañar que mucha gente comparta esta suerte de válvula de escape, pues en mi corta experiencia dentro del blog, y gracias a quien me lee, que espero que el grupo vaya aumentando con el paso del tiempo, siempre tengo ganas de plasmar algo. Y es que la necesidad de escribir, de poder desahogarte en la intimidad, con el único reflejo de uno mismo, sin nada que esconder o que ocultar, sin disfraces, se convierte muchas veces en una necesidad.
Estos días no dispongo de todo el tiempo libre que me gustaría… Estoy a las puertas de un examen que haré sin ninguna expectativa, demasiado que estudiar y muy poco tiempo dedicado a ello, sin embargo, esta recta final intento al menos empaparme de todos los conocimientos posibles, o perfilar definiciones que puedan servirme en el gran día; aún así, sigo buscando pequeños huecos para seguir aquí, y en la aventura de escribir para mí misma, también navego por otros mares, y descubro a cientos de náufragos que me recuerdan en muchas ocasiones a mí misma. Cada uno en un mar diferente, navegando hacia una deriva forzada, con historias propias o inventadas, construyendo pequeños mundos a partir de palabras escritas; y me conmueve la gran creatividad y la profundidad de tantos desconocidos que, al igual que yo, intentan erigir un pequeño universo individual donde la entrada es libre y cada vez puedan instalarse más desconocidos hambrientos de palabras con sentido.
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