He perdido el sentido de la responsabilidad y la noción del tiempo, que sigue pasando mientras permanezco latente en una especie de burbuja que me aísla. Sigo siendo yo, el alter-ego de Wendy, durmiendo a ratos y dibujando sonrisas en la pared blanca, sigo buscando una razón que explique por qué me eché a dormir sin pensar en nada, sin querer hacerlo, simplemente cerrar los ojos, cerrar la ventana y dejar que los fantasmas habiten fuera, que vuelen sin rumbo, que lleguen a Nunca Jamás y lo invadan todo… Fantasmas… Sí, fantasmas del pasado que de vez en cuando pretenden sobrevolar mi cabeza, que golpean las paredes de mis sentidos y a veces, sólo a veces, se cuelan en mi mente y me recuerdan que siempre fui Wendy, por muchas burbujas en las que me encierre, por muchos días que pretenda dormir del tirón.
He aprendido a caminar a ciegas, a moverme por esta oscuridad fingida, desde el despotismo, desde la nostalgia, desde cualquier rincón en el que sigan habitando, porque no se han ido del todo los sentimientos pasados, esos residuales de los que cuesta desprenderse por completo. Los residuos tóxicos de Peter Pan apenas son visibles ya, siguen disueltos por mi sangre, llegando de vez en cuando al corazón para ser bombeados hacia mi alma, entonces la punzada en mitad del pecho, un suspiro, una bocanada de aire limpio y de nuevo desaparece, se pierde, quizá sale a volar junto a los fantasmas del pasado, y yo, mientras tanto, Wendy de nuevo, me doy media vuelta y vuelvo a dormirme, sé que ya queda menos para volver a ser yo, para sentir otra vez el alma limpia de impurezas, de sueños imposibles de cumplir.
Ahora que Wendy está sola piensa en ella más que nunca, es como si me sentara delante de un espejo y pudiera verme a mí misma en realidad, sin máscaras, sin maquillaje, sin recuerdos, sin Peter Pan abrazándome por detrás, ya no, no existe ni quiero que exista, no hay más, tan simple como abrir las alas y echar a volar, tan lejos, tanto, que el dolor que queda a pesar del tiempo que pase, deje de doler… Quien sabe, tal vez lo consiga algún día, que deje de doler, o que vuelva a doler un poco, quizá así sabré que ha vuelto a revivir esa parte de mí que sabía sentir.