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domingo, 7 de agosto de 2011

Sentimiento residual.

He perdido el sentido de la responsabilidad y la noción del tiempo, que sigue pasando mientras permanezco latente en una especie de burbuja que me aísla. Sigo siendo yo, el alter-ego de Wendy, durmiendo a ratos y dibujando sonrisas en la pared blanca, sigo buscando una razón que explique por qué me eché a dormir sin pensar en nada, sin querer hacerlo, simplemente cerrar los ojos, cerrar la ventana y dejar que los fantasmas habiten fuera, que vuelen sin rumbo, que lleguen a Nunca Jamás y lo invadan todo… Fantasmas… Sí, fantasmas del pasado que de vez en cuando pretenden sobrevolar mi cabeza, que golpean las paredes de mis sentidos y a veces, sólo a veces, se cuelan en mi mente y me recuerdan que siempre fui Wendy, por muchas burbujas en las que me encierre, por muchos días que pretenda dormir del tirón.
He aprendido a caminar a ciegas, a moverme por esta oscuridad fingida, desde el despotismo, desde la nostalgia, desde cualquier rincón en el que sigan habitando, porque no se han ido del todo los sentimientos pasados, esos residuales de los que cuesta desprenderse por completo. Los residuos tóxicos de Peter Pan apenas son visibles ya, siguen disueltos por mi sangre, llegando de vez en cuando al corazón para ser bombeados hacia mi alma, entonces la punzada en mitad del pecho, un suspiro, una bocanada de aire limpio y de nuevo desaparece, se pierde, quizá sale a volar junto a los fantasmas del pasado, y yo, mientras tanto, Wendy de nuevo, me doy media vuelta y vuelvo a dormirme, sé que ya queda menos para volver a ser yo, para sentir otra vez el alma limpia de impurezas, de sueños imposibles de cumplir.
Ahora que Wendy está sola piensa en ella más que nunca, es como si me sentara delante de un espejo y pudiera verme a mí misma en realidad, sin máscaras, sin maquillaje, sin recuerdos, sin Peter Pan abrazándome por detrás, ya no, no existe ni quiero que exista, no hay más, tan simple como abrir las alas y echar a volar, tan lejos, tanto, que el dolor que queda a pesar del tiempo que pase, deje de doler… Quien sabe, tal vez lo consiga algún día, que deje de doler, o que vuelva a doler un poco, quizá así sabré que ha vuelto a revivir esa parte de mí que sabía sentir.

jueves, 7 de abril de 2011

Otro adiós que no es más que un hasta luego.

El aire que me rodea, que me envuelve, que penetra en mis pulmones con cada bocanada de vida que le otorgo a mi cuerpo, ese aire denso de color lejanía, de sabor agridulce, sigue oliendo a despedida. Me despido de ti desde este territorio con tintes obscenos que dibujan nuestros cuerpos entre las sábanas de mi cama, me persiguen de noche tus caricias y me imagino aún entre tus brazos a pesar de saber que es la gran mentira de siempre…
No existen más razones, sólo despedidas, que pesan y se adhieren a la piel como sanguijuelas, y me chupan la sangre a escondidas, dejándome aturdida después de cada encuentro… Quiero seguir abrazándote y recorriéndote despacio, hundiéndome, ahogándome en ese olor tuyo que me traspasa, se me cuela en cada rincón, me produce vértigos, me hace caer a mil por hora por un precipicio donde el final no es más que eso, otra despedida sabiendo que no lo es… Me dices que seremos amigos algún día y yo no sé si creerte, porque sigo imaginando en cierta medida que aún habitas en mí de forma perenne, y no quedan opciones ni motivos, tan sólo otra despedida. Quien sabe si esta vez lo sea de veras, porque me he molestado en recordarte que quedan pocos días para un supuesto aniversario que tampoco es real, y hemos bromeado entre silencios incómodos, parece mentira, tanto tiempo ya…
Despedida, eso es lo único que queda, la última despedida, el último encuentro entre mis sábanas, un día más para tocar el cielo mientras siento que no eres tú, que te alejas tan rápido que he pedido la noción de la distancia y el tiempo no es más que un enemigo que te ahuyenta más de mí. Te quiero sin quererte, porque sé que no hay entre nosotros ya nada, sólo esta despedida que sí, tal vez sea la real, la última, la despedida exacta, la perfecta, la que no necesita que fluyan otras más tras ella… Despídete de mis noches, de mi luna, despídete de ese momento en el que mirarnos es lo único, en el que tú y yo no existimos, y Wendy y Peter Pan permanecen unidos en una página del cuento imposible de pasar. Te pierdo con la despedida, lo sé, te dejo volar mientras siento que te alejas apenas sin mirar atrás, y me pregunto si volverás, más como un ritual que otra cosa, porque siempre lo hago… Y es que siempre vuelves, siempre… Y tal vez cuando exista otro regreso yo ya no esté ahí, o tal vez sí, pero no con el corazón abierto de par en par.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Retales de un sueño

Cómo cambian las cosas… Cómo un juego se convierte en dañino, sobrepasa los recuerdos, congela emociones, desborda sentimientos y los convierte en la miseria de una indiferencia extraña, fría, gélida, totalmente factible, porque así estamos ahora, así vamos teniendo encuentros fugaces sin razón, sin pararnos a pensar a qué estamos jugando, si es posible seguir mareando una historia acabada por el simple placer de estar juntos de vez en cuando. Me marea un poco, me aturde, sé que él ya no está en mi vida, que no volverá para quedarse, que a pesar de que llame a mi ventana de vez en cuando, a pesar de abrirle siempre, Peter Pan hace mucho que ya no es nada mío, no queda ni un triste vínculo, nada… Y la sensación de vacío es extraña, pesa mucho, corroe mientras libera el alma, y deja escapar a pequeñas dosis sueños ajenos, aquellos de los que llevo tanto tiempo sobreviviendo…
Ahora las cosas son distintas, apenas hablamos, nuestros encuentros son como juntar dos imanes, nos entrelazamos, nos hundimos el uno en el otro, nos miramos sin que haya restos de miradas pasadas, nos comemos la vida, no podemos controlarlo, no queremos separarnos, es como una fuerza interior que nos une, me pregunto si serán nuestras almas que aún se llaman a gritos desde algún lugar recóndito, desde donde ya no se pueden oír… Él suele abrazarme con fuerza, poseyendo cada rincón de mi ser, buscando en mi corazón, en cada hueco de mi vida, adentrándose en lo más profundo de mí y dejándome exhausta, ya no hay despedidas, no existen, no quedan motivos para separarse, para dejar que ese momento acabe, y sin embargo siempre se pasa, siempre las agujas del reloj caducan ese encuentro, y después ya no queda nada, sólo mirarnos de forma extraña, apenas sin decirnos nada, no queda ya de qué hablar, se han consumido las palabras, se han perdido en algún lugar, quizá en aquella parte del camino en la que caminábamos juntos, cuando éramos felices, ese lugar que queda tan lejos que apenas puedo verlo aunque fuerce la vista…
Viene y se va, como las olas del mar, dejando un sabor salado en mi boca, o dulce, no lo sé, quizá respire tranquila cuando marcha porque sé que va a volver, quizá siempre voy a esperar pegada al cristal de mi ventana, quizá nunca deje de ser Wendy aunque Peter Pan se haya convertido en un extraño.
Me duelen las manos cuando se separan de su piel, y si embargo, sé que no es mío y me da igual, no lo quiero tener porque ya no es él, sólo quiero jugar a sentir de vez en cuando, sólo quiero recordar que una vez lo quise tanto que el resto del mundo daba igual.
Lo que tengo ahora… sólo retales de un sueño…

lunes, 7 de marzo de 2011

Insignificantes ratitos contigo.

Estos días me siento extraña por seguir siendo yo, sin disfraz a pesar de estar en mitad de carnavales, esta vez parece que sólo me disfrazo de Wendy de vez en cuando, porque ya me da un poco igual el vuelo incierto de este Peter Pan absurdo, que va y viene sin saber lo que quiere, que siempre acaba volviendo a mí, siempre, no sé si cuando se cansa de volar, no sé si realmente me eche de menos, quien sabe… Hay cosas que es mejor no preguntarse, simplemente hay que vivirlas, dejar que fluyan los momentos, que pasen de la mejor manera aunque sea extraño… Él sigue sobrevolándome, acariciando el aire que respiro, pegado al cristal de una ventana que siempre abro, una y otra vez, porque quiero hacerlo, porque sé que ese ratito volvemos a volar juntos y vale la pena… No sé si tal vez Nunca Jamás sea tan solo fruto de un sueño, de un estado de añoranza, de un momento de nitidez o de cordura que se esfuma entre recuerdos que ya no saben si lo son o si se han convertido en presentes insólitos, en abrazos tardíos, en nuevas noches en vela de mirarnos a los ojos, y parece que todo ha vuelto a empezar otra vez, este juego estúpido, esta sensación de tirar por la borda el tiempo, ese abrir las alas y darte cuenta de que se te ha olvidado volar…
Esta vez Wendy sonríe por dentro, esta vez ha dejado de ser una niña y vive sin más la historia de un regreso entre mentiras y deseo, entre abrazos regalados y, sobretodo, entre nubes que dejaron de borrar la estela que dibujaban nuestras figuras alzándose en vuelos ávidos de sueños por cumplir. Esta vez te tengo sin echarte de menos, porque no estás aquí, ni quiero que estés… Esta vez me duermo contigo al lado, escuchando tu respiración y sintiendo que, a pesar de haber sido tú y yo, aunque una vez fuimos uno, ahora sólo quedan partículas que barremos de vez en cuando para reconstruir, por tiempo limitado, el recuerdo de un sueño… No me duele que, por la mañana, vuelvas a abrir la ventana y eches a volar.

martes, 1 de marzo de 2011

Irremediable...

No sé si se trata de barrer las migajas de una relación, ir recogiendo los jirones de piel que quedan, los pequeños fragmentos del amor esparcidos por el suelo, no sé si es lo mejor para restaurar recuerdos partidos o ilusiones rotas, quizá sea por eso que me ha dado por recomponer un vuelo que ya tenía olvidado y, sin querer, he vuelto a caer en las miserias de una relación absurda, de no quererlo ya pero no poder dejarlo ir. Es contradictorio, ambiguo, ilógico, es simplemente irremediable, porque he vuelto a caer en redes frías, he vuelto a hundirme en mares revueltos, otra vez, sólo por un abrazo, por una noche más, por un sueño acompañado… No sé, no me siento mal, no me siento extraña, no me duele ni me quema el corazón, ni siquiera estoy triste, nada de eso, sigo bien, íntegra, a pesar de una noche con él que ya estaba más que escrita, otra vez en las estrellas y en la luna, otra vez para volver a levantarse por la mañana y seguir cada uno con su vida… Otra vez, esta vez… Sin vínculos.

lunes, 14 de febrero de 2011

Por una milésima de segundo.

Si lo llego a pensar una milésima de segundo más, lo hubiese hecho… Antes de irme he estado a punto de ir a ver a Peter Pan en un ataque de debilidad promovida por este día fatídico de los enamorados… He estado a nada de suplicarle un abrazo, una sonrisa de las de antes, de aquellas que me regalaba cuando su alma y la mía vivían juntas, cuando éramos uno solo y las canciones sonaban mientras nos mirábamos a los ojos… Y estoy triste hoy, a pesar de saber que es una tontería, que es tan solo un ataque de morriña que se me pasará pronto, aún así, no puedo evitar sentirme así, porque lo echo de menos, no sé si a él o a la sensación de sentirme querida, no sé si será que confundo las cosas, tal es la estela que ha ido dejando el paso del tiempo… Creo que lo único que queda soy yo misma recordando historias que ya dejaron de latir, y no por él, ni siquiera por mí, es tan solo que necesito un abrazo, de esos que te transportan a Nunca Jamás sin levantar los pies del suelo…
No sé qué hubiera pasado, qué hubiese sentido, quien sabe, seguro que no hubiera habido palabras, que se han agotado ya todas las cosas que teníamos que decirnos, que no queda nada más que un muro de hormigón entre nosotros, es así de frío y triste, así de extraño… Me pregunto qué hubiera pensado él si me ve aparecer de pronto, sin nada que decir, sólo demandando un abrazo por los viejos tiempos, porque quizá sea esa mi carencia, tal vez el único motivo que tengo para acordarme de él…
No sé lo que quiero tener, sólo sé lo que quiero sentir…

lunes, 7 de febrero de 2011

Caos emocional.

Qué extraña la realidad cuando no haces más que aferrarte a una fantasía, a un momento que no existe… y es que da igual, porque todo tiene esa innata capacidad para derrumbarse en un momento, el mundo sigue girando sin parar y tengo vértigo, no quiero levantar la vista de mis pies fríos… Me pregunto por qué me sentiré tan extraña, por qué soy capaz de arrepentirme cuando no hay razón para ello, porque quiero llorar o desaparecer, porque no hay ya nada más a lo que aferrarse, sólo el recuerdo borroso, la melancolía, los sueños a medio cumplir… No, no hay nada más, sólo silencio, oscuridad, y las lágrimas ya no saben salir y las noches ya se han quedado sin estrellas, porque a pesar de haberlo intentado, me doy cuenta de que no puedo, no soy capaz de resurgir de unas cenizas aterciopeladas, no me sale volver a ser yo sin más. Me quedo sombría en un rincón de mi memoria, donde los ángeles aún duermen y las mañanas son de papel; y los recuerdos… bueno, esos son los únicos intactos, los que perduran, los que aún a día de hoy aparecen de vez en cuando para arrojar luz a esta existencia absurda, a locuras que no llevan a ningún sitio… Y en mitad de tal caos emocional intento colarme en otras camas y descubro que la magia la dejé contigo, y me doy cuenta de que es ridículo dormir abrazada a alguien que no me hace sonreír como tú…

miércoles, 26 de enero de 2011

Mariposas.

Mariposas… vuelan con aleteo frágil y perfumado de aromas tibios, se deslizan mientras el roce de sus alas desprende virutas de magia que acarician las paredes de mi estómago… Esta vez las siento volar dentro de mí, provocándome una mezcla de colores y una sonrisa de oreja a oreja, de esas que iluminan  y te hacen levantar los pies del suelo.
Mariposas que surgen sin saber de dónde ni porqué. Vuelos estomacales teñidos de nervios y mil sensaciones cuando nos miramos a los ojos…
Wendy vuela sobre mariposas rojas, verdes, lilas, naranjas, amarillas… ya no hay Nunca Jamases que golpeen los sentidos y pidan a gritos volver, ya no hay Peter Panes que maten mi dulzura, porque ellas han vuelto, las mariposas, y no tengo intención de dejarlas libres, esta vez no, esta vez se quedan conmigo hasta que sea capaz de volar yo misma desprendiendo magia.
Estoy en ese punto extraño en el que no sé si seguir corriendo, si parar de golpe, si abrir las alas y echarme a volar, porque vuelven a elevarse con sus alas, acariciando las paredes de mi estómago y haciéndome sentir como si flotara... No sé si será el último adiós a Peter Pan, si aún lo dejaré más tiempo anclado en mi memoria y en mi corazón, tal vez consiga huir de su recuerdo y de la añoranza de un Nunca Jamás lleno de planes juntos... Esta vez quiero que las mariposas se queden, aunque sea sólo un espejismo, aunque tengan tiempo limitado o la fecha de caducidad esté a la vuelta de la esquina... Quiero que se queden alterando mi mundo y convirtiendo mis sueños en pequeñas realidades que hagan que vuelva a salir el sol, quiero todo eso y más, aunque las dudas sigan alzándose y cubriéndolas de nubes borrascosas.

martes, 4 de enero de 2011

Buscando(te) en otras sonrisas.

Cuando buscas una sonrisa, una en concreto, todas te parecen sonrisas grises, ausentes de dulzura, de nitidez, todas están vacías de recuerdos y son huecas, hacen eco. Yo sigo buscando tu sonrisa entre la gente, quien sabe si vuelva a toparme con ella, con tus dientes perfectos, como teclas de piano, y estiro mis dedos y toco una melodía diferente con cada beso, melodías antiguas de besos pasados, y ahora no hay sonrisa que valga, ni que suene a música que me haga dormir. Tu sonrisa existe en algún lugar dentro de mí, resonando entre mis manos, en cada latido de mi corazón, y se materializa cada vez que cierro los ojos y revivo tu rostro junto al mío, cuando sonreías, cuando lo hacías sólo para mí… No hay motivos para sonreír de forma banal, cuando las sonrisas escogidas no tienen el color ni el brillo de tus ojos, no hay motivos para seguir buscando tu sonrisa entre la gente, esta vez sólo cabe dejarla ir mientras pienso que esa sonrisa, la tuya en concreto, son notas que se escapan entre mis dedos como la arena fina de esta playa que me cobija los días de invierno sin ti.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Vida nueva.

Con un pie en nochevieja no me queda más remedio que plantearme… año nuevo ¿vida nueva? Eso cuenta el dicho, y debería ser así, empezar a pensar en las cosas que queremos hacer, olvidar las que no cumplimos este año que se va… Y es que el planteamiento de la “vida nueva” es un soplo de aire fresco, una ilusión que se vive justo en ese momento, quizá engalanada por los ambientes festivos, y es que brilla el propósito de empezar realmente una nueva vida, más que eso, una nueva forma de vivir, justo lo que necesito ahora mismo, seguir caminando hacia el nuevo año, aunque ahora mismo sea consciente de que no hay novedad, sólo una nueva fecha que poner en el calendario, una montaña de incertidumbres, de incógnitas… Año nuevo, vida nueva… Quien sabe qué nos deparará esta vuelta de la esquina, si hará otro giro de tuerca a este año que ha sido más que amargo o me dejará desplegar mis alas para poder volar con la libertad de ser yo misma, sin más disfraces ni más Wendys esperando, sin más angustia por los malos momentos que sé que vendrán… Año nuevo, vida nueva, y nuevas esperanzas por seguir creciendo como persona, como profesional y, sobretodo, como mujer.
Un brindis por este año nuevo, que augura vida nueva. Feliz 2011.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Estrella(da).

Hoy me doy cuenta de que nada importa, todo da igual, por muchas estrellas que regale, por muchos esfuerzos que ponga, no sirve de nada, porque cuando ya no hay nada por lo que luchar ni nada a lo que agarrarse cuando estás a punto de caer, justo en ese momento, todo desaparece. Y se esfuman las ganas de seguir queriendo, los matices, los recuerdos, los encuentros, las sonrisas o los últimos besos que luchan en la memoria para no desvanecerse junto a todo lo demás. Y hoy me siento ridícula, con ganas de agachar la cabeza, como si tuviera que avergonzarme por sentir, qué tontería, sonrojándome ante mis ideas locas y absurdas… Regalar estrellas, ¿Quién hace eso hoy día? No sé quien podría desperdiciar algo tan especial y tan mágico. Una estrella con su nombre, qué extravagancia, qué originalidad, qué derroche de sentimientos para alguien que solo es capaz de ver nubes en el cielo.

martes, 21 de diciembre de 2010

¿Alegrarme o lamentarme?

Hoy me he sentido avergonzada, ha sido una sensación desagradable, de esas incómodas, que no sabes dónde meterte, lo peor es que era algo mío, ajeno al resto del mundo, ha sido una de esas “vergüenzas” internas, que sólo conozco yo y que nadie más percibe, sólo yo con mis miedos, con mis historias… Y es que a veces no sé qué es lo que tengo que hacer o cómo sentirme, si alegrarme o lamentarme, porque lo mío no es tan malo si lo comparo con tantas historias, pero es mío, mi problema, eso no lo arregla la peor de las desgracias ajenas.
Y hoy, mi crisis de vergüenza ha sido en uno de esos momentos en los que tienes un paciente delante y tienes algo que hacer, estaba en triage de urgencias y una señora en la camilla esperando a que le sacara analítica y le hiciera un ECG. Todo iba bien hasta que se ha puesto a hablar, ha empezado contándome cosas de sus molestias, de sus hijos, bueno, lo típico en estos casos, pero en cuestión de segundos, no sé cómo, la conversación estaba totalmente centrada en ella… Ella se llama Sonia, tiene pocos años más que yo, y es su nuera; hace poco le han dado la noticia a la familia y todo se ha venido abajo… El cáncer ya está demasiado extendido, metástasis en varios puntos, la situación es delicada y, a pesar de ponerse en tratamiento con quimio y radio, es posible que las cosas no vayan bien…
Poco a poco me he sentido abducida por la historia, conmovida al verla llorar mientras pensaba en lo afortunada que soy al haber cogido a tiempo lo mío y poder estar tranquila de que sea algo potencialmente solucionable, algo que me dará mis males de cabeza pero que podré simplemente olvidar de aquí a un tiempo (eso espero), y lo pienso y me parece mentira pero es así. Afortunada por tener una lesión donde debería haber un grupo de células sanas, afortunada por pertenecer a ese porcentaje de la población que sufre una dolencia sin cumplir con los factores de riesgo propios de dicho mal, afortunada por tener que enfrentarme en breve a este mal trago, y afortunada porque los problemas que pueden venir después puede que no sean tan malos…
No sé si lo soy, si he tenido mucha o muy mala suerte, va a ser verdad eso de que todo depende del cristal con que se mira…
Quizá si hubiera sido con Sonia con quien hubiera hablado hoy me hubiera dicho… qué suerte la tuya, y no podría haber expresado nada más, porque es cierto, he tenido suerte, y no la fatalidad de un caso como el suyo… ¿qué nos diferencia a las dos? ¿Por qué la vida nos pone estas piedras en el camino? ¿Por qué su piedra es mayor? Quien sabe… Esta vez, y seguramente sólo por hoy, deje de lamentarme y me alegre, quizá sea la primera vez que respire tranquila, al final de todo va a ser un alivio todo esto, un simple mal trago que pasará en un suspiro por mi garganta y, con un poco más de buena suerte, pueda quedarse siempre en el olvido.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Felicidad paliativa.

Me da miedo pensar en qué pasará ahora, si conoceré a alguien lo suficientemente maduro que lo entienda, tanto como lo fue Peter Pan cuando, aún lo recuerdo con exactitud, y a pesar de que hacía poquito que estábamos juntos, se lo conté. Le dije que necesitaba que lo supiera, y una parte de mí tenía miedo de que saliera corriendo por eso y me dejara, pero no fue así, fue tan dulce, tan alentador, tan comprensivo y cariñoso que cuando recuerdo ese momento revivo el cálido abrazo que me dio, me apretó muy fuerte contra él y me susurró que estuviera tranquila, que iba a estar conmigo en todo momento, si tenía que operarme, si habían problemas después, parecía no importarle nada más que yo en ese momento, y el mundo no existía, y mi problema se hizo tan pequeño, tanto, que la siguiente biopsia salió negativa… ¿Será que los estados de ánimo puedan influir tanto? Quien sabe si realmente la felicidad sea más que paliativa, no lo sé, quizá se me va la cabeza pensando tonterías, pero es que ahora, después de la amargura del desamor, todo parece haberse complicado, como si lo anterior fuera un sueño o un espejismo provocado por las nubes rosas que envuelven Nunca Jamás. Me siento más sola que nunca, porque el miedo es lo que tiene, que aún agudiza más cualquier estado, y aunque sé que soy fuerte, me siento como una niña pequeña en un rincón; esta vez sólo quisiera respirar hondo y conseguir empequeñecer a ese grupo de células que les ha dado por cambiar dentro de mí, ojala fuera tan fácil como coger una goma de borrar en lugar de la hoja fría de un bisturí, y ojala él estuviera al otro lado, en la sala de espera, y cuando saliera, dolorida y con los efectos del postoperatorio inmediato, me cogiera de la mano, me guiñara un ojo y me dijera, aquí estoy bailarina… todo va a ir bien.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Propósitos.

Quiero cambiar, no tirar la toalla a la mínima de cambio, sino aprender a meterla en la lavadora y lavarla las veces que haga falta hasta que los manchurrones de la desdicha se desvanezcan de mi alma y el blanco radiante de días felices vuelva a brillar, como un sol sobre mi cabeza capaz de espantar esa nubes gris que no deja más que lluvia fría sobre mis hombros.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Necesidad.

Me pierdo en las entradas de las nubes, y entre los dedos de mis pies noto brisas que se cuelan y me hacen cosquillas, mientras en mi cabeza retumban los colores de un nuevo amanecer que despierta corazones helados y transporta magia hasta el fondo de mi corazón. Perder la cabeza, olvidarse de los sentidos y de la cabalidad, de los sueños que siguen un guión, de las palabras, las promesas, los finales perfectos y las ilusiones… La cabeza es sólo un lugar de confusión que te dice que pares cuando tienes ganas de saltar, y hoy, en pleno diciembre que anuncia una brusca entrada a un año nuevo, sólo quiero a alguien que me abrace en los días de lluvia… porque, cuando salga el sol, ya me iré yo sola a pasear…

jueves, 9 de diciembre de 2010

Más que un color.

Hoy, ni las finas gotas de lluvia que caen con desgana desde un cielo gris plomizo inanimado, ni siquiera ellas, consiguen enfriarme el alma. Respiro el aire helado con sabor a Navidad mientras camino saltando charcos, cerrando los ojos mientas guardo el paraguas y el agua golpea mi rostro con la suavidad de una caricia y pienso, sonrío, suspiro, extiendo mis dedos al aire, escucho los sonidos mezclados de la ciudad y de la lluvia, grito para mí y me evado del mundo, vuelo, vuelo, vuelo, vuelo, se puede volar en estos días grises, en los que las alas pasan desapercibidas y los vuelos en sueños consiguen alcanzar destinos inalcanzables en cualquier día de sol.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Nocturnidad.

Se acabaron los momentos inventados, las historias construidas sobre bases de algodón, de nubes empapadas de tormentas que acabarán haciendo añicos los castillos en el aire, y morirán despacio las ilusiones, como flores arrancadas de tierra fértil, como susurros que se pierden en el viento… Quiero salir y busco sentarme a horcajadas en la luna, quien sabe si le quede un hueco para albergar mi soledad buscada, quien sabe si me deje cuidar a su niño de piel. Buscadme en las alturas, donde la noche cae despacio y lo cubre todo con la espesura de lo incógnito…

lunes, 6 de diciembre de 2010

Buenas noches, princesa.

Escucho canciones, respiro susurros que golpean en mi ventana los días de frío, y me acurruco aún más bajo las sábanas de franela que me acarician suavemente y mantienen mi calor; quien sabe si lograré dormir otra noche a pierna suelta, sin escuchar ruidos conocidos, sin estirar el brazo y encontrar el vacío a mi alrededor; dulces sueños, princesa, que duermas tan plácidamente que, en algún lugar dentro del reloj, esta noche conquistes reinos olvidados y conviertas deseos en realidades.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Desapareciéndome.

Hoy te he querido más que nunca mientras dormías, cuando no había más luz que tus ojos abriéndose de tanto en tanto para verme dormir a mí, y es que a pesar de estar a mi lado rozando mi cuerpo en algún momento perdido de tu sueño, sé que tu corazón estaba a años luz de mí, como si se hubiera perdido y no supiera encontrar el rastro de mi voz llamándote en silencio. Te he querido más que nunca mientras veía pasar las horas sabiendo que no volverían y que tu presencia a mi lado se iba desvaneciendo poco a poco, no sé si esperaba encontrar frío a mi lado al despertar, o ver cómo tu imagen se iba haciendo borrosa mientras me decías adiós, así ha sido la última noche de comerte a besos sabiendo que era mentira, porque lo era, lo sé, aunque me dijeras que volverías pronto… No te creí, perdóname, nunca lo hago ya, me has mentido tantas veces… Lo siento, hoy me quiero quedar más tiempo a tu lado, no quiero perder la calidez del último beso viendo cómo sales por la puerta con el ceño fruncido mientras me dices con voz entrecortada que ya hablaremos, lo siento, déjame que, por una vez, me vaya antes y sea yo la que te diga adiós…

sábado, 4 de diciembre de 2010

Más azúcar para mi media naranja, por favor.

Todo acaba volviendo a la normalidad, todo acaba convirtiéndose en lo que era antes, incluso yo misma, que poco a poco voy recuperando la cordura, la sensación de no necesitar, y me siento bien, como en paz conmigo misma, sin fingir que estoy bien sólo por fingirlo, sino estando en mitad de una aceptación que llega de forma tardía, pero que siempre acaba llegando. La ilusión de convertirte en la otra mitad es banal, insustancial, es sólo un engañabobos que provoca la sociedad, que parece obligar a emparejarte; esta vez no, me digo, esta vez la soledad no es tan mala, ni es tan difícil de llevar, porque los sueños pueden ser simplemente individuales, y aunque a nadie le amarga un dulce, el amor puede aparecer en cualquier momento y en cualquier circunstancia, no sólo regando una media naranja de zumo amargo, que no mejora por mucha azúcar que le eches.
Medias naranjas o verdades completas, aquí sigo, construyendo el camino que me toca seguir andando, demasiado estrecho esta vez como para poder compartirlo con alguien, y sin embargo, ideal para mi caminar, con paso seguro, sin mirar demasiadas veces al pasado de caminos anchos, esta vez con botas nuevas de tacón alto, que van marcando cada paso con el sonido firme y sordo del taconeo de mi nueva vida sola.
Parece que las etapas del duelo han vuelto a avanzar, quizá ya dejé atrás el resto y ahora navegue en la Aceptación… Porque acepto que no esté, porque acepto dormir sola en mi cama de matrimonio, y porque las noches se han convertido en lugares de descanso y las pasiones olvidadas ya no se atreven ni a salir del cajón… Quizá vuelva a abrirlo de vez en cuando, pero con la llave bien cerca por si tengo que cerrarlo de golpe otra vez, si me doy cuenta de que corro el riesgo de despertar emociones que me empeño en enterrar bajo kilos y kilos de desilusiones, esta vez la Aceptación es más dulce que una media naranja en tiempos de crisis.
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