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miércoles, 16 de marzo de 2011

Llueve.

Lleva días sin parar de llover… Me pregunto por qué el cielo se empeña en estar gris, por qué las nubes negras siguen sobre mi cabeza, por qué el mar ha adoptado ese color plomizo y apático, inerte, ni siquiera el oleaje producido por el viento parece darle vida… Los días grises son habitualmente tristes, y yo me pego a mi ventana mientras caen las gotas dibujadas en el cristal, y pienso… pienso en la soledad de los días de lluvia, en las noches frías, cerrar los ojos y dejarme guiar por un sueño pasado por agua, por tormentas infinitas, por amaneceres que parecen a punto de cobijar la noche… Es curioso lo que puede inspirar la lluvia, las cosas que puede traer consigo, la tristeza, la nostalgia, pura melancolía que quizá se esfume cuando salga el sol, quien sabe, quizá se trate solamente de otro invierno más en la ventana, otro día de fingir que no me gustan las tormentas, suspirar mientras me alivio con lágrimas turbias, mientras acepto una soledad marcada de nubarrones y aguaceros tímidos e insulsos… Y salir a la calle y sentir cómo el agua humedece mi pelo y penetra en mi cabeza, cómo cala hasta los huesos, hasta los recuerdos los tengo empapados ya, y sé que por mucho que siga mirando a horizontes ajenos, por mucho que la lluvia forme esa fina capa de turbidez a mi alrededor, no puedo esconderme, no puedo apartarme, no queda nada más, sólo lluvia, fría y limpia, lluvia de sueños tristes, de echar de menos sin hacerlo realmente… Sigue lloviendo y yo, desde mi ventana, continúo mirando al cielo esperando que nuevamente salga el sol, porque, eso sí lo sé, siempre vuelve a salir…

jueves, 10 de febrero de 2011

El alter-ego de Wendy.

Sé que Wendy navega en mares revueltos, sigue yendo un poco a la deriva aunque vislumbre islotes a los que se aferra de vez en cuando. Wendy se ha mojado los pies y tiene frío, porque las noches de soledad cuestan, porque las tormentas a veces caen a pesar de cielos despejados, tormentas en el corazón, de esas que congelan los sentidos y hacen echar de menos momentos absurdos…
Wendy no sabe ya cómo seguir, si remar sola, si dejar que alguien navegue con ella… La vida es injusta, y ella sabe que los momentos que vienen son extraños, raros, llenos de sensaciones que no se pueden explicar.
No sé, creo que es justo que rehaga su vida aunque no así, de esta manera forzada, de no significar nada, tal vez sea que Wendy aún quiere ser feliz y de vez en cuando todavía, algunos días aislados, se asoma a la ventana, pero ni rastro de Peter Pan ni de su estela en el cielo, esta vez creo que ya no volverá más, qué va, que el tiempo en mundos mágicos es tan efímero como lo fueron ellos dos juntos una vez.
Pobrecita Wendy, que no quiere sobrevivir a esta tormenta… No quiero seguir luchando contra un recuerdo, contra un sentimiento que ya no existe, no quiero seguir inspirándome en este desamor estúpido, que congela las ideas y cambia el rumbo de los corazones. No quiero pelear contra la sandez de ser yo misma cuando no hago más que esconderme en personajes inventados con historias de verdad… Esta vez soy yo sin disfraces, sin más motivos ni colores, sin escenarios de fondo, sin él a mi lado… Soy yo sin más, con lo que tengo, lo que espero y, sobretodo, lo que soy.

lunes, 7 de febrero de 2011

Caos emocional.

Qué extraña la realidad cuando no haces más que aferrarte a una fantasía, a un momento que no existe… y es que da igual, porque todo tiene esa innata capacidad para derrumbarse en un momento, el mundo sigue girando sin parar y tengo vértigo, no quiero levantar la vista de mis pies fríos… Me pregunto por qué me sentiré tan extraña, por qué soy capaz de arrepentirme cuando no hay razón para ello, porque quiero llorar o desaparecer, porque no hay ya nada más a lo que aferrarse, sólo el recuerdo borroso, la melancolía, los sueños a medio cumplir… No, no hay nada más, sólo silencio, oscuridad, y las lágrimas ya no saben salir y las noches ya se han quedado sin estrellas, porque a pesar de haberlo intentado, me doy cuenta de que no puedo, no soy capaz de resurgir de unas cenizas aterciopeladas, no me sale volver a ser yo sin más. Me quedo sombría en un rincón de mi memoria, donde los ángeles aún duermen y las mañanas son de papel; y los recuerdos… bueno, esos son los únicos intactos, los que perduran, los que aún a día de hoy aparecen de vez en cuando para arrojar luz a esta existencia absurda, a locuras que no llevan a ningún sitio… Y en mitad de tal caos emocional intento colarme en otras camas y descubro que la magia la dejé contigo, y me doy cuenta de que es ridículo dormir abrazada a alguien que no me hace sonreír como tú…

jueves, 3 de febrero de 2011

Rotos.

Hoy me he puesto a pensar en la cantidad de corazones rotos que habrá por ahí, vagando sin rumbo fijo, recogiendo pedacitos, restos de emociones tiradas por el suelo… Los corazones rotos son temporales que arrecian la estabilidad, son como empujones al vacío, como hundirse en corrientes imperfectas, dejan heridas profundas que sangran durante un tiempo limitado y a su paso dibujan cicatrices que, tal vez, siempre mantengan un punto de dolor… Un corazón roto siempre será un corazón capaz de volver a sentir…

lunes, 17 de enero de 2011

Se me olvida olvidarte.

Son tantos los días en los que se me olvida olvidarte… Y me descubro pensándote o recordándote mientras nos mirábamos a los ojos, y me invade la nostalgia, la sensación de haberte querido tanto que tu sola imagen en mi cabeza me eriza la piel… Y se me olvida olvidarte y vuelvo a acordarme de ti, no con la tristeza esta vez, sin lágrimas, sin ningún sentimiento que arrojar por la ventana, esta vez no, esta vez es distinto, como cuando aprendí que ya no había opciones y los sueños de Nunca Jamás se quedaban para siempre guardados en algún lugar ajeno y frío.
Se me olvida olvidarte, no sé cómo hacer para conseguirlo, se me olvidan los malos momentos y las decepciones, se me olvidan hasta tus silencios, y en mitad de mi euforia a veces estoy a punto de ir a buscarte, abrazarte y decirte que nos dejemos ya de tantas tonterías, que volvamos a empezar, que sé que saldría bien y seríamos felices otra vez… Entonces despierto de mi sueño, sé que no es más que eso, y que a pesar de que me encantaría, no voy a hacerlo, ya no voy a ir a buscarte más a tus paraísos infantiles, ya no más Wendy ni Peter Pan, sólo tú y yo en mundos ajenos… Me invade la nostalgia, pero te recuerdo con una sonrisa, con la sensación extraña que producen nuestros últimos días juntos alejándose cada vez más, espaciando el hueco que hay entre nosotros, convertido ahora en miles de kilómetros…
Se me sigue olvidando olvidarte algunas noches, antes de irme a dormir, cuando sé que voy a soñar contigo, o cuando despierto por las mañanas sabiendo que no va a haber más despedidas, ni más reencuentros, sólo nubes blancas de algodón alejándose, convirtiendo nuestra historia en pedacitos de cielo, en estrellas que brillarán siempre en nuestro cielo olvidado.
Ya no quedan más opciones, ni más esperanza de la que seguir tirando, ni una pizca más de ilusiones entremezcladas, ya no más ventanas ni esperas en las noches de invierno, sólo distancia, nuevos horizontes y, de vez en cuando, algún recuerdo que no es capaz de morir del todo, algún segundo de morriña que se me cuela entre las válvulas del corazón y recorre mi cuerpo haciendo que ocurra otra vez, sin más, un segundo, un minuto, un día, una vida, vuelvo a olvidar olvidarte.

jueves, 13 de enero de 2011

Lapsus...

Siento que he perdido las ganas, la ilusión por seguir escribiendo cada día, será que el año nuevo me ha dejado sin inspiración, será que la semana ha pasado como un rayo sin traer nada nuevo, no lo sé, el caso es que llevo ya días sin sentarme a escribir nada.
A veces creo que simplemente ocurre, que se necesita un espacio de tiempo en blanco en el cual puedes ordenar ideas, sensaciones, sentimientos o migajas del viejo amor, porque cuando ya sólo quedan los restos esparcidos por el suelo, no existe más tiempo que dedicarle, ni más palabras, ni más noches, ni más sueños, ni más lunas llenas que vuelven a golpear deseos inútiles contra la ventana.
Esta vez soy consciente de que ya no queda nada de nuestro amor desangelado, y las ruinas de mi corazón ya están libres de nuevos derrumbes, hoy tan solo siento la naturaleza impar de mi ser en un año que avanza con las mismas cosas, las mismas carencias, los mismos miedos acumulados. No sé si puedo decir que he empezado bien, o si tan solo he seguido rodando cuesta abajo, pero me siento al borde de un precipicio donde puede que, saltar, sea la mejor opción si no miras abajo.
Ya no quedan más que sombras que envuelven este cariño apagado, y lo único que guardo para mí es un recuerdo borroso de días irreales, quien sabe, quizá necesite abrir este cajón algún día, cuando me asalten las ganas de un abrazo.


lunes, 10 de enero de 2011

Olvidando, olvidado.

En mi corazón, en los rincones, en mi habitación, sólo la escarcha, el frío, el vaho que se me escapa de la boca con cada nuevo amanecer en la soledad de mi esquina de la cama, con el frío hueco a mi lado, sin tu cuerpo cerca, sin tu calor junto a mí, sin más que pesadillas que se quedan a vivir bajo el nórdico… No quiero más amanecer sin ti, no quiero más madrugadas de despertar de golpe gritando tu nombre, o pensando que la forma de tu cuerpo se ha quedado dibujada en el colchón. No puedo borrarte, no quiero borrarlo, esta vez prefiero quedarme para siempre pegada a ti o a tu recuerdo, olvidando estos días navideños que hubiera querido pasar contigo aunque ya nunca más seamos tú y yo…


martes, 4 de enero de 2011

Buscando(te) en otras sonrisas.

Cuando buscas una sonrisa, una en concreto, todas te parecen sonrisas grises, ausentes de dulzura, de nitidez, todas están vacías de recuerdos y son huecas, hacen eco. Yo sigo buscando tu sonrisa entre la gente, quien sabe si vuelva a toparme con ella, con tus dientes perfectos, como teclas de piano, y estiro mis dedos y toco una melodía diferente con cada beso, melodías antiguas de besos pasados, y ahora no hay sonrisa que valga, ni que suene a música que me haga dormir. Tu sonrisa existe en algún lugar dentro de mí, resonando entre mis manos, en cada latido de mi corazón, y se materializa cada vez que cierro los ojos y revivo tu rostro junto al mío, cuando sonreías, cuando lo hacías sólo para mí… No hay motivos para sonreír de forma banal, cuando las sonrisas escogidas no tienen el color ni el brillo de tus ojos, no hay motivos para seguir buscando tu sonrisa entre la gente, esta vez sólo cabe dejarla ir mientras pienso que esa sonrisa, la tuya en concreto, son notas que se escapan entre mis dedos como la arena fina de esta playa que me cobija los días de invierno sin ti.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Pequeña, pequeña Wendy.

Wendy amenaza con una vuelta brusca, una caída en picado ahora que había conseguido levantarse, parece ser que vuelve a perder el equilibrio que tanto le había costado conseguir, y es que es normal en el fondo, porque Wendy se siente perdida, no hay más que obstáculos en su camino, de esos que dan ganas de llorar, pequeños baches que te tuercen los tobillos y no te dejan avanzar nada. Y es por eso por lo que parece que vuelve a despertar desde el olvido, y toca mi puerta, quiere entrar, lo sé, volver a ocupar todo el espacio, volver a quedarse otra vez pegada a la ventana, esperando vueltas inútiles del mismo de siempre, que sigue en su mundo de no querer crecer nunca… Wendy se cuestiona por qué se amontonan las preguntas en su garganta, siente cómo se atropellan los porqués en su boca, quieren salir y estrellarse con su cara, perderse entre sus razones, y siguen sin existir palabras de respuesta, sólo miradas inútiles, inocentes, de ceños fruncidos y mirada triste.
Wendy tiene miedo, y yo de volver a liberarla, esta vez es más pequeña que nunca pero sigue brillando, quizá sea que el último vuelo a Nunca Jamás fue más importante de lo que ella misma pensaba y volvió a quedarse prendada de la magia, sí, tal vez sea eso, tal vez sea simplemente que está pasando por un mal momento, y el miedo sigue provocando brazadas entre la noche, buscando liberarse de las soledades imaginarias, de noches de esperarlo despierta. Pero no vuelve nunca de veras, sólo a medias tintas, como cuando el corazón lanza una extrasístole de sentido común y aparece en la memoria lo genial que era estar juntos… Quizá esta vez Wendy (yo misma) consiga superar este pequeño ataque de debilidad y los días pasen borrando tentaciones, tal vez… mientras tanto, Peter Pan sigue creciendo muy a su pesar, y a escasos días de su 33 cumpleaños, la capacidad de volar pierde fuerza y en este regreso de Nunca Jamás el camino de vuelta va perdiendo el rastro…

martes, 14 de diciembre de 2010

No los quiero.

No quiero más amaneceres tristes ni más puestas de sol sin tu mano apretando la mía, ni quiero más paseos a la orilla del mar, ni más fiestas ni promesas. No quiero más camas vacías ni ventanas cerradas, ni el olor de tu ausencia sobre mi almohada; ya no quiero más noches en vela ni lunas llenas que no saben conceder deseos, ni más madrugadas de sueños vacíos, ni más nubes de tormenta, ni lluvias ni soles, no quiero más tu voz en la distancia, ni tu recuerdo golpeando la pared… No quiero, no quiero, te quiero.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Y de lejos... Nunca Jamás.

Será verdad que estamos destinados a volver una y otra vez ahora que sabemos que no existen razones, que los motivos son gotas de lluvia que se rompen al chocar contra el asfalto, cuando el frío lo ocupa todo y las noches que empiezan a las cinco de la tarde me dejan triste… Quizá me atreva a decirte que no quiero volver otra vez, porque no sé si quiero, no estoy segura de sobrevivir una vez más a tu portazo, ni a las noches en vela esperando una señal que me anuncie tu llegada. Ahora no quiero esperarte, aunque las nubes vuelen bajo y parezca alguna vez que vislumbro Nunca Jamás a lo lejos, como si pudiera volver a pisar sus tierras de magia otra vez, no quiero esperarte porque tus idas y venidas ya no dejan rastros de estrellas en mi ventana y no quiero seguir echando el aliento sobre el cristal para dibujar corazones vacíos que te atraigan de nuevo hacia mi balcón… Esta vez no, lo siento, esta vez déjame dormir tapándome la cabeza, guardándome del destino, por si se atreve a hacernos volver otra vez.

lunes, 29 de noviembre de 2010

A ras de suelo.

Será cuestión de seguir caminando y ver pasar los días de esta forma absurda… Quiero volar, pero me siguen arrastrando los pies…

domingo, 28 de noviembre de 2010

Crisis de fin de semana.

A veces tengo mis dudas, porque no sé si esto es un simple preámbulo o va a ser así siempre… Tengo que reconocer que no estoy tan mal, me podría acostumbrar a esta situación, sí, podría hacerlo, y acabar convirtiéndome en una de esas mujeres solitarias que hacen la compra sola y que acaba aprendiendo a cocinar para una persona, que acaban hablándole a la tele y dejando de ir a la peluquería, quizá deje de combinar la ropa o me de por comer sin control, total, para qué, para quien voy a cuidarme… No sé, está claro que estoy exagerando, posiblemente quien me conozca pensaría que dramatizo, que no es para tanto y que tengo que mirar lo estupenda que estoy y la de cosas que consigo por mí misma, y sí, la verdad es que todo eso es cierto, me considero una mujer con muchas cosas buenas, dotada con dones valiosos, como la vocación, sencilla, buena persona, sí, y muchas cosas más, también con mis defectos, que hay una larga lista de ellos, pero sin embargo, con gran capacidad para aplanar caminos… Lo he intentado siempre, y quizá sea ese uno de mis defectovirtudes (yo los llamo así porque no sé en qué categoría encajan mejor), porque me empeño en hacerle la vida más fácil a quien esté a mi lado, pensando incluso más en él que en mí misma… Craso error, sí, porque nunca debería dejar de ocupar el primer lugar en mi vida, pero… qué le voy a hacer… sigo luchando por mejorar ese aspecto de mí… Así acabo, con mis relaciones rotas en mil pedazos  y tratando de esquivar los cristales rotos, y parece mentira pero por mucho que barra, siempre acaba volviendo a salir algún que otro cristalillo que se había quedado agazapado en cualquier rincón, y se me clava en un pie, en un dedo o en el corazón…
Manías mías, tal vez, emociones, carencias, más dramatismo envuelto en papel celofán de colores, sí, quizá sí sea tan solo una representación en mi cabeza en la que la protagonista pasa por numerosas fases y acaba como en las mejores películas de domingo tarde, de esas de sesión lacrimógena que acaban con finales felices comiendo perdices o con amores verdaderos que no dejan de ser utopías en realidad.
Pesimista o no, aquí me encuentro, en mi salón que está quedando genial, y sin embargo, en silencio, porque no escucho nada, no hay voces ni sonidos de rutinas compartidas, no hay sorpresas ni palabras que se me cuelen en la oreja, ni buenas noches con besos incluidos, de esos tan geniales que acaban dando las tantas y ni siquiera importa si hay que madrugar al día siguiente… Todo eso me falta y, sin embargo, reconozco que no estoy tan mal, será que ya he iniciado el proceso de conversión y la metamorfosis esté transformando mi parte emocional, porque ya casi no existe el dolor por pérdidas anteriores, por Peter Panes que se fueron, aunque les de por volver algunas veces, porque nada de eso puede ya alterar este mundo creado a partir de desilusiones varias que se han convertido en mí misma, sin miedos, casi sin sensación de soledad, sin nada más que la visión de un camino llano y fácil, donde la única desventaja es mirar atrás y ver un par de huellas solamente.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Nadando en la cordura.

Sé que hay muchas puertas que aún tengo que cruzar, muchos caminos por andar en esta vida, quien sabe cuántos habrá de buenos, cuántos de peores, pero aún así el capricho de la vida sabrá llevarme a uno y otro lugar, mientras paseo por los rincones de mi alma y me sigo conociendo más cada día. Hoy me siento bien, feliz, aunque la felicidad sea ese estado ambiguo que carece de extensión en el tiempo, pero hoy parece que sí, que me ha cubierto una oleada de felicidad y de abrir los ojos a algunos mares que tenía en penumbra. Hoy siento que sé dónde están mis propios límites, que puedo tomar mis propias decisiones sin importarme nada más, que soy capaz de vivir momentos mágicos que se queden sólo ahí, y que por primera vez en mucho tiempo he sucumbido a una realidad que no hacía más que rondarme sin parar, sin que yo quisiera abrirle los ojos… Hoy lo sé, que no hay nada en él que me pueda devolver la sonrisa, sólo momentos robados que sirven sólo para nadar a contracorriente el tiempo justo hasta que se empiezan a cansar los brazos, y entonces tomar la mejor decisión de todas, dejarse llevar por las corrientes de la cordura y dejar de intentar llegar al otro extremo, donde las aguas son tan turbias que a pesar de cubrirme escasamente, no me dejan ver mis pies.

martes, 23 de noviembre de 2010

Corazones de cristal.

Fragilidad entre algodones, míseros momentos que luchan por romper el corazón de cristal que habita en mi pecho, que se empeña en latir mientras la sangre fluye entre sus cuatro cavidades llenando con cada ciclo cardiaco mi cuerpo de ese líquido viscoso que me oxigena. Siento mi fragilidad dura como una piedra, en la que los golpes apenas hacen pequeños rasguños, mi fragilidad envuelta en caricias que llenan los rincones olvidados, y tal vez sea por eso que mi corazón de cristal se haya convertido en un simple músculo que hace su función mientras se endurece cuando ve que los algodones que lo rodean están cada vez más descoloridos.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Sueño que sueño...

Será cuestión de dejarse caer despacio sobre un manto de recuerdos y hundirse lentamente al abrigo de pensamientos que vienen y van, y así poder encontrar un lugar que me abrace con tal calor que pueda dormirme tranquila, sin pensar en nada más que en mí misma, cuando por fin el camino andado deja de ser cuesta arriba y la sensación de caminar libremente entre flores y mares azules se convierte en la mejor manera de soñar… Los sueños avanzan despacio por lugares estrechos para, en un momento, emerger de las profundidades y bañarlo todo con luces nuevas y colores chillones de amaneceres dulces y llenos de nuevos proyectos y motivos para sonreír.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Estado de semicongelación.

Hoy tengo el alma semicongelada, parece que me he pasado esta vez, la he guardado demasiado tiempo en la nevera y se me ha hecho cubitos con forma de corazones grises, que acabarán fundiéndose en algún vaso largo y desaparecerán… Qué destino más cruel le espera a mi alma semicongelada, qué dolor por derretirse en vasos empañados, donde no quedará más remedio que borrar el carmín de los bordes de aquellos besos que nos dimos cuando éramos felices…
Cierra la nevera, por favor, que se me escapa el frío de la mirada…

lunes, 8 de noviembre de 2010

Pies fríos.

No sé por qué sigo esperando una señal del destino, algo que me demuestre que sabes que existo, que sigo recluida en este rincón, buscando por las esquinas los recuerdos que se me han caído de los bolsillos, cuando corría tanto que no me daba ni cuenta de estar perdiéndolos y derramándolos sobre la almohada, y ahora busco entre las sábanas pero no los encuentro, y la sensación de tener los bolsillos vacíos es tan triste que sigo preguntándome por qué estoy aún esperando, y el teléfono no suena ni apareces en mi puerta, ni siquiera existen ya destinos que nos crucen los caminos desandados, y las huellas tuyas ya se están borrando sin saber por qué.
Y yo sé que sigues estando ahí, bajo las sombras de la noche oscura, mirándome a través de un espejo o quizá sea un simple recuerdo que aparece por las noches barriendo los reflejos de mi imagen en el cristal… No estás ni apareces, ni hay rastro de ti en las horas que pasan, en los días que se pierden, porque ya no queda nada desde hace mucho tiempo, y la nada ocupa cada vez más espacio recordándome que no existe ninguna posibilidad de volver a abrazarte en las noches frías, ahora que llega el invierno y se me congelan los pies...

domingo, 7 de noviembre de 2010

Tictac... tictac...

El tictac de un reloj siempre acaba poniéndome nerviosa, me rompe el silencio recordándome que los segundos se escapan a una velocidad incontrolable, como hojas que caen y se pierden con el viento, como arena entre los dedos, los segundos vuelan, haciendo muecas burlonas por conseguir escaparse, y se alejan a su ritmo, sin prisas, moviéndose de un lado a otro como si bailaran. Y el silencio se rompe con su música, con el movimiento de las agujas del reloj, donde cada sacudida dibuja una pérdida de tiempo. Y nos empeñamos tantas veces en volver atrás, con la memoria, con los recuerdos, a veces provocando situaciones que nos devuelvan sensaciones pasadas sin ser conscientes de que esos segundos ya no existen, se han caído por un precipicio lejano y no saben escalar. Tal vez por eso sea que me pone nerviosa escuchar el tictac, porque una parte de mí quisiera ser capaz de volver atrás en el tiempo, incluso de detenerlo, porque hay momentos que no me importaría estar reviviendo una y otra vez…

lunes, 1 de noviembre de 2010

Sin sentido.

Los días siguen pasando entre penumbras, entre historias para no dormir, entre puertas que quieren abrirse y ventanas que quieren cerrarse, y yo misma soy el epicentro de esta crisis existencial, donde no sé si dar un portazo o correr un pestillo, no sé si entrar o salir, si olvidar o hacer una llamada, y es que hay días grises que se empeñan en traer recuerdos gratos e ilusiones de colores, días como hoy, en lo que, a pesar de la penumbra y de las puertas entreabiertas, sigo buscando con el rabillo del ojo, disimulando, alguna señal de su presencia cerca, aunque sólo sea por soñar un ratito más que se puede ser feliz volando sin rumbo fijo y sin alas para volar.
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