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miércoles, 6 de abril de 2011

Turquía.

Caminando por la mágica ciudad, que te obliga a pasear por sus calles respirando hondo, captando la esencia, transportando hasta los pulmones aires picantes, inundando la vista con colores que se entrelazan formando alfombras, tapices, innumerables puestos y objetos que resultan ser una explosión para los sentidos.
Los días despejados allí son como baños de oro, donde el cielo azul de la ciudad, el reflejo de los rayos sobre cúpulas doradas… todo ofrece un espectáculo que hace empequeñecer, que minimiza tu persona ante tal grandeza…
Qué enriquecedor resulta viajar y mezclase con otras culturas, con otros habitantes de este mundo de locos, cada cual luchando por sobrevivir, por hacerse un hueco, por ofrecer la riqueza de un país lleno de historia, de magia, de contrastes…
Quizá vuelva en alguna otra ocasión, pues al perderme por los callejones de Estambul, sin rumbo, sin mapas, sin reloj, ni prisas… lo único que sentía en mi interior es una sensación plena de libertad, de ser capaz de caminar a mi aire por ese lugar desconocido donde no llegan los ruidos de una crisis que nos sobrevuela, sin sentirme esclava de unos sentimientos no correspondidos, sin pertenecer a nadie, sino tan solo yo misma, perdida, sin querer que nadie me encuentre… Tal vez vuelva sólo por eso, porque conseguir por unos días desaparecer no tiene precio…

sábado, 2 de octubre de 2010

París mon amour... El regreso (Haciendo memoria...).

Vuelvo a recordar tiempos pasados, hará ahora aproximadamente un año... Esta vez el destino fue París! Después de atrasarlo varias veces, al final decidimos que ya era hora... Y ¿qué escribí al regreso? Poca cosa, una reflexión con escaso contenido del viaje, tan sólo algunas impresiones y, como no, más cosas en qué pensar...

Hoy me pongo a escribir y simplemente no sé de qué hablar… Acabo de volver de unos días en los que he podido desconectar de todo mi mundo, he podido olvidarme de mi día a día, del no saber dónde voy a estar cada mañana, de sobrevivir en la jungla hospitalaria, de ver como unos y otros luchan por hacerse un hueco o simplemente cómo es la vida en realidad, con sus cosas buenas y sus cosas malas, con pequeñas recuperaciones o grandes desgracias… Ese es mi mundo, y me guste o no, lo he escogido yo. El estar ahí en según qué momentos, el vivir la “desgracia ajena” tan cerca que a veces duele, el ver a la gente en el peor de sus momentos… sí, eso es lo que he escogido yo, pero no otras muchas cosas que me encuentro todos los días, la prepotencia, el orgullo, la falta de empatía… Tantas cosas que deberían formar parte de ese mundo de forma innata y no echarse en falta tantas veces…
Y sí, hoy acabo de volver a este mundo, extraño muchas veces, por lo nuevo, otras simplemente rutinario, y ya casi se me ha olvidado la semana vivida en la ciudad de la luz.
Es simplemente mágico caminar por las calles, cruzarte con la gente con ese aire bohemio, tan diferente… somos igualmente personas, pero incluso nuestra apariencia nos viene dada según el trocito de tierra en el que hayamos ido a parar. Y he vuelto renovada, contenta, después de mil risas y mil conversaciones con tantísimo sentido; he vuelto planteándome nuevas cosas… quien sabe qué pasará, lo único que sé es que necesitaba todos estos cambios. Para bien o para mal, hay personas que siguen estando ahí, que no terminan de desaparecer nunca por mucho que te empeñes, y da igual donde estés, o que hayas cogido un avión y te hayas ido a casi mil kilómetros, porque los lazos de unión parecen apretar más fuerte en las grandes distancias.

NYC (Haciendo memoria...).

Hace poco más de dos años cumplí el sueño de cruzar el charco. Fue un viaje mágico, lleno de risas, historias, recuerdos, impactos... Recuerdo las horas de avión, los nervios de la llegada, las aventuras en el aeropuerto, las compras... Si parece que fue ayer que andaba por las calles de La Gran Manzana y ya han pasado más de dos años... Por suerte, las fotos siempre están ahí, y días como hoy, si miro las fotos y cierro los ojos, puedo imaginarme en la otra punta del mundo...
Algo que escribí a la llegada... (sigo recopilando viejos "apuntes"...).

De vuelta aquí ahora todo me parece tan pequeño... Echo de menos el frío helado de las mañanas, el levantarme y mirar a un cielo distinto, echo de menos andar por las calles con el café en la mano, casi chocándome con la gente que hace su vida... Extraño estar rodeada de la luz que allí lo inunda todo, de la grandeza que supone sólo estar; extraño caminar entre los socavones de las calles, los días de lluvia intensa que te cala hasta los huesos, echo de menos la comida horrible, el inglés fluido, la sonrisa de la gente cuando la miras...
No sabría decir por qué es especial, pero tiene magia, encanto, te llena de mil sensaciones distintas, porque incluso las noches allí son diferentes, los días, los amaneceres… Todo. Es como vivir dentro de una película, como caminar sobre ella, diría yo; es como si pudieras acceder a cualquier cosa, como si pudieras tocar el cielo sólo si estiras bien el brazo.Desde arriba y por la noche, todo cambia; la ciudad se convierte en un amasijo de luces que brillan formando un paisaje urbano increíble; la noche parece quedarse sólo en el cielo y no afectar a la ciudad… Es extraño cuando respiras profundo desde tan alto mientras observas tal grandeza, no sé explicarlo pero te sientes… ¿vivo? Tal vez.
Es curiosa la mezcla de sensaciones agridulces que provoca estar allí. Por un lado te sientes minúsculo, pequeño, como si pudieras desaparecer en un momento, y sin embargo a la vez te sientes enorme, capaz de abarcar cualquier cosa, como si los edificios te inspiraran confianza con su enorme “saber estar”.
El tipo de urbe, la estructura, la forma en que vive la gente allí… todo es llamativo, impresiona de algún modo porque es tan diferente… Las culturas se mezclan, conviven juntas, grupos raciales que se fusionan dándole a las calles ese aspecto tan característico, tan típico de allí.
Me encantaría estar allí otra vez, quiero volver y es algo que no descarto… La vida da muchas vueltas, o eso dicen… Nunca se sabe, quizá sea el destino que me haya llevado allí para demostrarme que existen lugares en el mundo donde realmente te puedes sentir libre.
Ahora sólo duele la vuelta a la rutina, enfrentarme a estos dos meses que tengo por delante con la mejor de mis caras, y pensar que siempre me quedarán las fotos y tantos recuerdos…
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