lunes, 31 de enero de 2011

El paso del tiempo.

Hoy me he sentido tan extraña cuando él se ha sentado a mi lado, me ha sonreído y me ha enseñado una foto de su hijo... Me he emocionado, está precioso, tiene ya casi siete meses y está enorme, es igual que su padre, tiene una sonrisa pícara y unos ojos muy vivos. Ha empezado a enseñarme fotos, a contarme cosas del peque y yo he empezado a sentir ese pequeño nudo que a veces se forma en la garganta o en la boca del estómago. Recuerdo cuando nació, era una bolita rosa, de pelo negro y ojos alertas, me pareció encantador y sólo tenía ganas de cogerlo, y ahora lo veo y siento que el tiempo se paró justo cuando nació y podía tenerlo en brazos cuanto quisiera.
La verdad es que es extraño, porque a pesar de estar trabajando juntos últimamente, hay una barrera entre nosotros, me cuesta mirarlo sin ver más allá, considerarlo tan solo como un compañero más cuando sólo tengo ganas de decirle que me alegro de que no haya cambiado apenas nada. Él, el padre de la criatura, el hermano de Peter Pan, al principio estaba raro conmigo, cuando la historia se rompió quedaron tan solo sensaciones extrañas, un muro infranqueable, una tensión que no tenía pinta de resolverse, pero el tiempo parece ser sabio y acaba normalizando todas las situaciones, y sí, aunque al principio era como una losa sobre mis hombros, ahora parece diferente, como si nunca hubiera estado con él y nuestra historia se hubiera olvidado para siempre…
No es fácil trabajar bajo el mismo techo, aunque sea un techo muy grande y las posibilidades de encontrarnos sean mínimas, y no ha sido fácil para mí estos días trabajar con su hermano, es raro, sí, y sigue existiendo el tabú de nuestra historia, como si no pudiéramos hablar de lo que ha pasado entre Peter Pan y yo, sólo olvido y una tensión que poco a poco va disminuyendo por suerte, y ver crecer a un niño que vino al mundo con toda nuestra ilusión cuando estábamos juntos… En fin, así es la vida, ver al pequeño sólo en foto es triste, mucho, porque ya no puedo disfrutar de ese “sobrino” que me duró tan poco, tristeza y cansancio que siguen pesando aunque, por suerte, el tiempo y otras historias sobrevuelan todo este cúmulo de despropósitos…

jueves, 27 de enero de 2011

Dani.

Lleva una semana con nosotros y ya es como nuestro niño… La vida le ha jugado una mala pasada, sin explicación, sin sentido, sin saber por qué, de pronto su corazón se para y deja de latir, cae al suelo como si estuviera muerto, y en el fondo lo está un poco, unos segundos, ese espacio de tiempo permisivo en el que el alma no sabe si marcharse del todo o volver… No sé si él quiso volver pero lo medio obligaron, las maniobras de resucitación se alargaron casi una hora y al final su corazón volvió a latir en un tímido ritmo sinusal, poco a poco su cuerpo fue recobrando color, vida, y nos llega a nosotros en un estado difícil, no sabemos cómo despertará, es imposible evaluar los daños tan pronto…
El corazón sigue latiendo con normalidad el resto de los días, el TAC sale bien, no hay nada neurológico, nada que explique que, a pesar de sus 31 años, algo ha decidido parar la “gran máquina”, y yo me pregunto qué pasará después, qué ocurrirá al despertar, si será capaz de volver a conectar con el mundo real.
Esta semana no hemos dejado de estar allí a su lado, los escasos ratos que la familia podía entrar para estar con él me he convertido en público de una función extraña, una representación irónica, absurda, una lucha entre la aceptación y la realidad. Todo parece un sueño, cuesta asumir una realidad así, y ahí hemos estado intentando ejercer nuestro papel de mediadoras, de consoladoras, de enfermeras simplemente. Tantos ratos cogiéndole de la mano, llamándolo, hablándole… Dani, buenos días, cómo estás hoy? Abre los ojos si me oyes, si me entiendes… Pero le ha costado responder, volver de donde quiera que estuviera escondido….
Hoy ha sido la primera vez que por fin lo hemos levantado, apenas tiene fuerza para sostenerse en pie, a veces nos mira, otras lo encuentras con la mirada perdida, quien sabe hacia dónde vuele su alma en ese momento. Y sonríe cuando nos ve, intenta hablar a pesar de ser un sonido apenas perceptible el que sale de su boca, intenta… tantas cosas… y llora, le resbalan lágrimas que recorren su cara, de vez en cuando, ya ni siquiera en la soledad de esa habitación fría existe una mínima parte de lo que fue.
Estos días con él me han hecho pensar en las cosas que tienen valor, en la realidad de la vida, la dureza de tantas situaciones inesperadas que pueden golpearnos a cualquiera… No sé, tal vez Dani me ha llegado un poco al corazón, tal vez su juventud y su sonrisa me hayan hecho ser un poco más persona hoy, porque tengo la sensación estúpida de sentirme mal a veces, cuando lo miro ahí, en esa cama de hospital, triste, ajeno, a veces con nosotros, a veces no… Y me pregunto si realmente vale la pena llorar y gastar tiempo en nimiedades, en montones de momentos que nada aportan…
No quiero seguir llorando, voy a sonreír por él, por su futuro incierto, por las dificultades que le quedan por vivir, porque la vida ha vuelto a ser injusta otra vez… Quien sabe cómo acabará este chico, no volverá a ser el mismo otra vez, quizá nunca llegue a valerse por sí mismo, quizá la vida le de algún día otra oportunidad…

miércoles, 26 de enero de 2011

Mariposas.

Mariposas… vuelan con aleteo frágil y perfumado de aromas tibios, se deslizan mientras el roce de sus alas desprende virutas de magia que acarician las paredes de mi estómago… Esta vez las siento volar dentro de mí, provocándome una mezcla de colores y una sonrisa de oreja a oreja, de esas que iluminan  y te hacen levantar los pies del suelo.
Mariposas que surgen sin saber de dónde ni porqué. Vuelos estomacales teñidos de nervios y mil sensaciones cuando nos miramos a los ojos…
Wendy vuela sobre mariposas rojas, verdes, lilas, naranjas, amarillas… ya no hay Nunca Jamases que golpeen los sentidos y pidan a gritos volver, ya no hay Peter Panes que maten mi dulzura, porque ellas han vuelto, las mariposas, y no tengo intención de dejarlas libres, esta vez no, esta vez se quedan conmigo hasta que sea capaz de volar yo misma desprendiendo magia.
Estoy en ese punto extraño en el que no sé si seguir corriendo, si parar de golpe, si abrir las alas y echarme a volar, porque vuelven a elevarse con sus alas, acariciando las paredes de mi estómago y haciéndome sentir como si flotara... No sé si será el último adiós a Peter Pan, si aún lo dejaré más tiempo anclado en mi memoria y en mi corazón, tal vez consiga huir de su recuerdo y de la añoranza de un Nunca Jamás lleno de planes juntos... Esta vez quiero que las mariposas se queden, aunque sea sólo un espejismo, aunque tengan tiempo limitado o la fecha de caducidad esté a la vuelta de la esquina... Quiero que se queden alterando mi mundo y convirtiendo mis sueños en pequeñas realidades que hagan que vuelva a salir el sol, quiero todo eso y más, aunque las dudas sigan alzándose y cubriéndolas de nubes borrascosas.

lunes, 24 de enero de 2011

Contracturas del corazón.

Me pesan mucho los recuerdos, me contracturan el corazón, me causan dolor físico y no me dejan dormir… Ahora estoy en ese punto en el que echarlo de menos ya no tiene sentido, porque es una sombra, un fantasma, un espejismo que no hago más que inventar una y otra vez, como un sueño del que no puedo despertar aunque me zarandeen, aunque me griten que no vale la pena seguir durmiendo.
Hace mucho ya que no nos vemos, y sin embargo, cada día veo su moto aparcada en la puerta del hospital, cerca de mi coche… Cuesta verla ahí aparcada y recordar los paseos de verano, cuando me sentaba detrás de él y lo abrazaba, cuando acariciaba su pelo asomando por el casco, cuando se giraba y me sonreía, a veces creo que nunca pasó y no he hecho más que inventar una felicidad inexistente, una ilusión óptica…
El amor no existe, no en él ni en mí, no en nosotros dos como unidad, y ahora, que ya no quedan ni las migajas, ahora que los planes que teníamos se han derrumbado como un castillo de naipes, ahora lo echo de menos a pesar de tener el corazón ya en otros mundos, quizá más reales, tal vez más cercanos, pero nunca, nunca… con tanta magia…
El amor viene y se va, da vueltas alrededor y se tumba a descansar mientras en mi corazón aún hay días en los que sigue lloviendo sin saber por qué…


domingo, 23 de enero de 2011

Dubtes.

Dubtes… cada cop més dubtes, i més que vindràn… Dubtes de color mel, dubtes en gris, que m’envolten sense adonar-me’n, dubtes bojes que només volen aixecar-me, que m’allunyen del terra, que fan que els meus peus siguin cada vegada més tous, més petits, que fan que els meus ulls es tanquin com si res… Dubtes que no em deixen dormir, que m’ofeguen, que no tenen por de res… Dubtes per conèixer-te, per sapiguer si puc o no puc fer-te un lloc a la meva vida, dubtes per obrir portes, per deixar-te entrar, dubtes per tocar el dos a la mínima de canvi o donar-te la oportunitat de conèixer-me.
… Què faig?

lunes, 17 de enero de 2011

Se me olvida olvidarte.

Son tantos los días en los que se me olvida olvidarte… Y me descubro pensándote o recordándote mientras nos mirábamos a los ojos, y me invade la nostalgia, la sensación de haberte querido tanto que tu sola imagen en mi cabeza me eriza la piel… Y se me olvida olvidarte y vuelvo a acordarme de ti, no con la tristeza esta vez, sin lágrimas, sin ningún sentimiento que arrojar por la ventana, esta vez no, esta vez es distinto, como cuando aprendí que ya no había opciones y los sueños de Nunca Jamás se quedaban para siempre guardados en algún lugar ajeno y frío.
Se me olvida olvidarte, no sé cómo hacer para conseguirlo, se me olvidan los malos momentos y las decepciones, se me olvidan hasta tus silencios, y en mitad de mi euforia a veces estoy a punto de ir a buscarte, abrazarte y decirte que nos dejemos ya de tantas tonterías, que volvamos a empezar, que sé que saldría bien y seríamos felices otra vez… Entonces despierto de mi sueño, sé que no es más que eso, y que a pesar de que me encantaría, no voy a hacerlo, ya no voy a ir a buscarte más a tus paraísos infantiles, ya no más Wendy ni Peter Pan, sólo tú y yo en mundos ajenos… Me invade la nostalgia, pero te recuerdo con una sonrisa, con la sensación extraña que producen nuestros últimos días juntos alejándose cada vez más, espaciando el hueco que hay entre nosotros, convertido ahora en miles de kilómetros…
Se me sigue olvidando olvidarte algunas noches, antes de irme a dormir, cuando sé que voy a soñar contigo, o cuando despierto por las mañanas sabiendo que no va a haber más despedidas, ni más reencuentros, sólo nubes blancas de algodón alejándose, convirtiendo nuestra historia en pedacitos de cielo, en estrellas que brillarán siempre en nuestro cielo olvidado.
Ya no quedan más opciones, ni más esperanza de la que seguir tirando, ni una pizca más de ilusiones entremezcladas, ya no más ventanas ni esperas en las noches de invierno, sólo distancia, nuevos horizontes y, de vez en cuando, algún recuerdo que no es capaz de morir del todo, algún segundo de morriña que se me cuela entre las válvulas del corazón y recorre mi cuerpo haciendo que ocurra otra vez, sin más, un segundo, un minuto, un día, una vida, vuelvo a olvidar olvidarte.

domingo, 16 de enero de 2011

Día de luz.

Días como este, radiantes, llenos de luz y azul, dan ganas de airear, no solo el cuerpo, sino también el alma y el corazón, y dejarlos tendidos al sol mientras recogen la energía y la calidez y se liberan de fríos y soledades. Las tristezas se escurren y acaban cayendo al suelo, y los miedos se guardan en cajones oscuros que no se tengan que volver a abrir. Hoy, día radiante, y a pesar de pasarme el fin de semana en el hospital, sale el sol cuando, de forma inesperada, aparecen nuevas sonrisas que te alegran el día sin saber por qué.

jueves, 13 de enero de 2011

Lapsus...

Siento que he perdido las ganas, la ilusión por seguir escribiendo cada día, será que el año nuevo me ha dejado sin inspiración, será que la semana ha pasado como un rayo sin traer nada nuevo, no lo sé, el caso es que llevo ya días sin sentarme a escribir nada.
A veces creo que simplemente ocurre, que se necesita un espacio de tiempo en blanco en el cual puedes ordenar ideas, sensaciones, sentimientos o migajas del viejo amor, porque cuando ya sólo quedan los restos esparcidos por el suelo, no existe más tiempo que dedicarle, ni más palabras, ni más noches, ni más sueños, ni más lunas llenas que vuelven a golpear deseos inútiles contra la ventana.
Esta vez soy consciente de que ya no queda nada de nuestro amor desangelado, y las ruinas de mi corazón ya están libres de nuevos derrumbes, hoy tan solo siento la naturaleza impar de mi ser en un año que avanza con las mismas cosas, las mismas carencias, los mismos miedos acumulados. No sé si puedo decir que he empezado bien, o si tan solo he seguido rodando cuesta abajo, pero me siento al borde de un precipicio donde puede que, saltar, sea la mejor opción si no miras abajo.
Ya no quedan más que sombras que envuelven este cariño apagado, y lo único que guardo para mí es un recuerdo borroso de días irreales, quien sabe, quizá necesite abrir este cajón algún día, cuando me asalten las ganas de un abrazo.


lunes, 10 de enero de 2011

Olvidando, olvidado.

En mi corazón, en los rincones, en mi habitación, sólo la escarcha, el frío, el vaho que se me escapa de la boca con cada nuevo amanecer en la soledad de mi esquina de la cama, con el frío hueco a mi lado, sin tu cuerpo cerca, sin tu calor junto a mí, sin más que pesadillas que se quedan a vivir bajo el nórdico… No quiero más amanecer sin ti, no quiero más madrugadas de despertar de golpe gritando tu nombre, o pensando que la forma de tu cuerpo se ha quedado dibujada en el colchón. No puedo borrarte, no quiero borrarlo, esta vez prefiero quedarme para siempre pegada a ti o a tu recuerdo, olvidando estos días navideños que hubiera querido pasar contigo aunque ya nunca más seamos tú y yo…


martes, 4 de enero de 2011

Buscando(te) en otras sonrisas.

Cuando buscas una sonrisa, una en concreto, todas te parecen sonrisas grises, ausentes de dulzura, de nitidez, todas están vacías de recuerdos y son huecas, hacen eco. Yo sigo buscando tu sonrisa entre la gente, quien sabe si vuelva a toparme con ella, con tus dientes perfectos, como teclas de piano, y estiro mis dedos y toco una melodía diferente con cada beso, melodías antiguas de besos pasados, y ahora no hay sonrisa que valga, ni que suene a música que me haga dormir. Tu sonrisa existe en algún lugar dentro de mí, resonando entre mis manos, en cada latido de mi corazón, y se materializa cada vez que cierro los ojos y revivo tu rostro junto al mío, cuando sonreías, cuando lo hacías sólo para mí… No hay motivos para sonreír de forma banal, cuando las sonrisas escogidas no tienen el color ni el brillo de tus ojos, no hay motivos para seguir buscando tu sonrisa entre la gente, esta vez sólo cabe dejarla ir mientras pienso que esa sonrisa, la tuya en concreto, son notas que se escapan entre mis dedos como la arena fina de esta playa que me cobija los días de invierno sin ti.

domingo, 2 de enero de 2011

Ilusiones.

Hay momentos en los que me pongo a pensar en esas cosas que no tienen sentido, como cuando sigo empecinada en volver a verlo, si ya da igual, si cada vez tiene menos que ver conmigo, si sé que nunca podría funcionar, esta vez no, por tantas cosas que se han estropeado, por tanta gente de su entorno con quien ya nunca me sentiría cómoda, porque creo que todo el mundo ya sabe hasta dónde ha llegado esta historia, hasta qué punto se ha deteriorado este amor de caramelo. Y ahora lo veo y pienso en lo diferentes que somos, en que no hay nada que pueda aportarme, ni seguramente yo a él, porque parece que nuestros mundos no llegaron a converger nunca y sólo fue un espejismo, una ilusión, un oasis en mitad de un desierto en el que yo vagaba con demasiada sed…

sábado, 1 de enero de 2011

Empezar el año trabajando y así...

Ilusa de mí, que pensaba que hoy, por ser el primer día del año, tendría una mañana tranquila en el hospital. Ya me ha costado levantarme, y eso que no tuve los excesos típicos de Nochevieja, me fui a dormir más tarde de lo normal, eso sí, pero sobria y con un número de horas razonable por delante.
Por la mañana todo eran restos de festividad por las calles, y mucho frío, los cristales del coche entelados de la humedad y yo muerta de sueño conduciendo hacia una mañana de locos.
Me había hecho mis propias conclusiones, y pensaba que la unidad estaría calmada, total, en estas fechas no hay apenas quirófanos, sólo las urgencias, y es posible que estemos tranquilos y podamos pasar un día entre compañeros y celebrando el año nuevo juntos, ya que nos ha tocado estar allí un día tan especial como el primero del año. Pero al llegar, todo lo contrario, la unidad abarrotada, y la calidad de los pacientes, pésima… Sólo llegar ya he recibido la primera del día, y es que en ese momento me ha dado igual que el pobre hombre tuviera Alzheimer, que hubiera pasado mala noche o que estuviera desorientado, porque la patada que me ha dado en el pecho casi me tira al suelo, y ya he estado dolorida toda la mañana, si es que hay cosas que no se pagan con dinero y estos momentos, por suerte escasos aunque presentes, sólo despiertan ganas de coger tu bolso y largarte a tu casa… Menos mal que los compañeros estamos ahí para cualquier cosa y entre todos hemos podido calmarlo y bueno, aparte de regañinas varias por la agresión, también se ha llevado unos miligramos de propofol, que por suerte ha sido suficiente en ese momento.
He pensado… vaya día uno… y lo peor estaba por llegar.
La carga emocional del día ha sido más dura que la propia patada, y es que he llevado a una chica justo de mi edad (cosa que ya de base me altera), gestante de 28 semanas e ingresada en críticos por una cetoacidosis diabética. Laura estaba muy angustiada, me cogía fuerte de la mano cada vez que entraba al box, y ha empezado la mañana más o menos bien hasta que han comenzado las contracciones; a partir de ese momento, aquello se ha convertido en un desfile de anestesistas, ginecólogos, otros compañeros de la unidad, la comadrona con la monitorización fetal y yo misma sin poder dejar de estar con ella, pues la angustia me traspasaba y no había más consuelo que estar a su lado y cogerla de la mano; como excepción he llamado a su marido y lo he dejado entrar, allí no pueden estar las familias, pero me ha podido verla llorar. La mañana ha ido transcurriendo a base de contracciones, medicaciones para parar el proceso, visitas continuas, hasta que se ha decidido cesárea urgente tras una serie de bradicardias del pequeño Marc, que debería haberse quedado unas cuantas semanas más dentro de su madre pero que no ha tenido más remedio que venir a este mundo esta mañana y a trompicones.
Por suerte, la cosa ha ido bien, y Laura ha vuelto a la unidad a última hora, la pobre no ha podido ni ver a su hijo, que se lo han llevado rápido a la unidad de neonatos.
Hoy me he preguntado por qué pasan estas cosas, por qué es tan complicado a veces que las cosas salgan bien, y aunque esta historia tiene posibilidades de salir adelante sin demasiadas complicaciones, otras veces no ocurre, y sé que a Laura aún le queda mucho por pasar, recuperarse ella misma y después de eso, jornadas interminables en ese edificio hospitalario hasta que pueda llevarse a su pequeño a casa. Que el pequeño Marc luche por salir adelante y que, con su escaso peso y su inmaduración aún consiga ganarle este pulso a la vida que, justo un día tan señalado como hoy, le ha obligado a salir a este mundo cuando aún no le tocaba y a empezar su existencia ya con demasiados riesgos y angustia.
Es la vida… Reconozco que me ha afectado esta historia y me he ido a casa con mal sabor de boca, a ver qué tal va mañana, a ver si esta vez hay suerte y aún ronda por aquí el espíritu navideño y protege al pequeño, quien sabe, ojala algún día se convierta en un gran hombre y el día de hoy sólo en un mal recuerdo para sus padres…
Días como este, después de estar a su lado, de vivir la intensidad y las emociones, de ver que las cosas parecen haber ido bien, de la confianza en mí, de mi papel en estos momentos, sólo puedo decir… me encanta ser enfermera.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Vida nueva.

Con un pie en nochevieja no me queda más remedio que plantearme… año nuevo ¿vida nueva? Eso cuenta el dicho, y debería ser así, empezar a pensar en las cosas que queremos hacer, olvidar las que no cumplimos este año que se va… Y es que el planteamiento de la “vida nueva” es un soplo de aire fresco, una ilusión que se vive justo en ese momento, quizá engalanada por los ambientes festivos, y es que brilla el propósito de empezar realmente una nueva vida, más que eso, una nueva forma de vivir, justo lo que necesito ahora mismo, seguir caminando hacia el nuevo año, aunque ahora mismo sea consciente de que no hay novedad, sólo una nueva fecha que poner en el calendario, una montaña de incertidumbres, de incógnitas… Año nuevo, vida nueva… Quien sabe qué nos deparará esta vuelta de la esquina, si hará otro giro de tuerca a este año que ha sido más que amargo o me dejará desplegar mis alas para poder volar con la libertad de ser yo misma, sin más disfraces ni más Wendys esperando, sin más angustia por los malos momentos que sé que vendrán… Año nuevo, vida nueva, y nuevas esperanzas por seguir creciendo como persona, como profesional y, sobretodo, como mujer.
Un brindis por este año nuevo, que augura vida nueva. Feliz 2011.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Otra mañana en las trincheras...

No hay palabras para describir tal caos, increíble pero cierto, las salas llenas, los pasillos abarrotados de camillas y seguimos sin saber dónde meter a la gente mientras vemos que no dejan de llegar ambulancias sin parar trayendo “mercancía humana en mal estado”. Uno tras otro van pasando, como un desfile interminable, no podemos más, nos contagiamos del ambiente de nervios y de la falta de recursos, de espacio, de tiempo… Nos falta medicación, nos faltan manos para poder abarcarlo todo, paciencia para escuchar quejas, comentarios, peticiones de médicos que retumban en los oídos mientras se acumulan las cosas por hacer.
Esto es urgencias, un laberinto humano donde debes esquivar a la gente amontonada en los pasillos, sin ubicación y sin consuelo, quejándose de las horas que pasan allí, y con razón, pero ¿qué más podemos hacer? Corremos de un lado para otro, vías, analíticas, electros, monitorización, sondajes, cultivos, constantes, gasometrías, medicación, y ahora el carro de paros, y ahora otro código ictus… Y entre una cosa y otra, más gente, más caos, risas nerviosas, adrenalina a niveles demasiado altos como para poder parar un momento.
No me gusta tal desorganización, pero no hay más remedio, no se puede evitar atender a la marabunta que no deja de llegar. Es increíble que “urgencias” acabe siendo un lugar al que acudir por cualquier cosa, increíble porque no sé cómo podemos acabar resistiendo ante tal jornada de trabajo… Que no cunda el pánico, son sólo unas horas, pronto saldremos por la puerta, respiraremos hondo, dejaremos atrás el increíble espectáculo del servicio y podremos decir... ¡Hemos sobrevivido a otra mañana en las trincheras!

martes, 28 de diciembre de 2010

Sin balances, con propósitos.

Hoy quiero escribir y no sé qué contar… A escasos días de acabar este año, me propongo hacer balance y ni siquiera me siento capaz de hacerlo, hoy no, esta vez no, porque este año ha sido uno de esos para olvidar, para ni tan solo dedicarle tiempo a pensar en las cosas buenas, que sí, que también las ha habido, pero es que las malas han sido más y peores, demasiado, de esas que ni siquiera puedo dejarlas apartadas en el 2010 y algunas me las tengo que llevar al nuevo año, meterlas en mi día a día y asimilar que siguen conmigo a saber por cuánto tiempo más. Y bueno, a pesar de negarme en rotundo a hacer el balance típico que hago cada año por estas fechas, sí me planteo nuevos retos esta vez, quiero hacer cosas, no estancarme en esta ciénaga de países lejanos, quiero salir sin quedarme anclada en pasados que me abducen, quiero escapar de historias sin sentido que vuelven una y otra vez, de Peter Panes estúpidos que ni comen ni dejan comer, que aparecen y desaparecen invadiéndolo todo con esperanzas de volver a Nunca Jamás. Este año quiero romper con los sueños de ser princesa, este año que empieza quiero ser yo misma, con mis malos tragos por pasar, con los momentos que vendrán, y espero que por fin sea capaz de cerrar ventanas que me arrojan al vacío, y que la soledad no sea más que una etapa transitoria o, aunque dure más de lo que me gustaría, al menos sea un estado que me devuelva a mí misma la capacidad de ser yo sin necesidad de palabras en mi oreja, que no son más que ecos que se pierden de vez en cuando haciendo rasguños en el corazón.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Estrella(da).

Hoy me doy cuenta de que nada importa, todo da igual, por muchas estrellas que regale, por muchos esfuerzos que ponga, no sirve de nada, porque cuando ya no hay nada por lo que luchar ni nada a lo que agarrarse cuando estás a punto de caer, justo en ese momento, todo desaparece. Y se esfuman las ganas de seguir queriendo, los matices, los recuerdos, los encuentros, las sonrisas o los últimos besos que luchan en la memoria para no desvanecerse junto a todo lo demás. Y hoy me siento ridícula, con ganas de agachar la cabeza, como si tuviera que avergonzarme por sentir, qué tontería, sonrojándome ante mis ideas locas y absurdas… Regalar estrellas, ¿Quién hace eso hoy día? No sé quien podría desperdiciar algo tan especial y tan mágico. Una estrella con su nombre, qué extravagancia, qué originalidad, qué derroche de sentimientos para alguien que solo es capaz de ver nubes en el cielo.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Regalando estrellas.

Hoy es tu cumpleaños, te haces mayor, vas creciendo y tu capacidad de dejar atrás mundos infantiles sigue sin aparecer, a veces surge, un tiempo, pero acaba por desvanecerse y quieres volver otra vez a Nunca Jamás. Te da miedo cumplir años y ahí estás hoy, con uno más a tus espaldas, y yo preguntándome cómo estarás, qué sentirás, pensando en cuánto me gustaría pasar el día contigo.
Desde la distancia y desde el tiempo, que no ha hecho más que alejarnos, te envío un regalo en el silencio, una estrella, para que siempre te guíe y te cuide desde el cielo, y para recordarte que sigo aquí, perenne, al igual que su brillo en este cielo despejado de hoy, una estrella que te recuerde, cada vez que mires al cielo, que hubo un día en el que fuimos felices y no importaba nada más mientras pudiéramos seguir mirándonos a los ojos.
Feliz cumpleaños desde aquí, Peter Pan.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Y mañana, Navidad.

Mañana es Navidad otra vez, otro año más que pasa a una velocidad que me cuesta asimilar, otra vez villancicos, turrones, gorritos de papá Noel, risas y regalitos, compras compulsivas, días de fiesta (quien los tenga…), comer sin parar, juntarse con la familia como una especie de ritual… Es Navidad y todo esto parece formar parte de su decorado, porque sin todo esto la Navidad ¿en qué se queda? Para mí no es una fecha especial, son días que tienen que pasar deprisa, desapercibidos, no me gustan estas fiestas, y hoy, en el hospital, cuando todo el mundo se felicitaba y comentaba lo que iba a hacer esta noche, yo para mí pensaba… ¿Realmente esta noche es tan buena? Para mí está claro que no, que es otra noche más, como cualquiera del año, sin más genialidades que un adorno impuesto, un nombre propio en el calendario y un halo de espíritu navideño que será especial para quien lo sienta.
Hace años que no soy navideña a pesar de que recuerdo siempre haber vivido con intensidad estos días, pero supongo que la vida va dejando caer experiencias que hacen que las cosas cambien. No soy navideña, y este año menos que nunca, porque no tengo ganas de celebraciones hoy, a pesar de haber hablado con mi doctora y haberme dado un respiro temporal, de momento me libro del quirófano hasta nueva orden, en enero nuevo año y nuevas pruebas, otra vez, qué le vamos a hacer. Quizá esta nochebuena y esta navidad sean días de reír y de olvidarme de estas mochilas de piedras que me tienen contracturada, quizá estos días consiga reconciliarme con el espíritu navideño y me dedique a sonreír y a formular deseos, quien sabe… ¿no dicen que todo es posible en Navidad?

jueves, 23 de diciembre de 2010

Pequeña, pequeña Wendy.

Wendy amenaza con una vuelta brusca, una caída en picado ahora que había conseguido levantarse, parece ser que vuelve a perder el equilibrio que tanto le había costado conseguir, y es que es normal en el fondo, porque Wendy se siente perdida, no hay más que obstáculos en su camino, de esos que dan ganas de llorar, pequeños baches que te tuercen los tobillos y no te dejan avanzar nada. Y es por eso por lo que parece que vuelve a despertar desde el olvido, y toca mi puerta, quiere entrar, lo sé, volver a ocupar todo el espacio, volver a quedarse otra vez pegada a la ventana, esperando vueltas inútiles del mismo de siempre, que sigue en su mundo de no querer crecer nunca… Wendy se cuestiona por qué se amontonan las preguntas en su garganta, siente cómo se atropellan los porqués en su boca, quieren salir y estrellarse con su cara, perderse entre sus razones, y siguen sin existir palabras de respuesta, sólo miradas inútiles, inocentes, de ceños fruncidos y mirada triste.
Wendy tiene miedo, y yo de volver a liberarla, esta vez es más pequeña que nunca pero sigue brillando, quizá sea que el último vuelo a Nunca Jamás fue más importante de lo que ella misma pensaba y volvió a quedarse prendada de la magia, sí, tal vez sea eso, tal vez sea simplemente que está pasando por un mal momento, y el miedo sigue provocando brazadas entre la noche, buscando liberarse de las soledades imaginarias, de noches de esperarlo despierta. Pero no vuelve nunca de veras, sólo a medias tintas, como cuando el corazón lanza una extrasístole de sentido común y aparece en la memoria lo genial que era estar juntos… Quizá esta vez Wendy (yo misma) consiga superar este pequeño ataque de debilidad y los días pasen borrando tentaciones, tal vez… mientras tanto, Peter Pan sigue creciendo muy a su pesar, y a escasos días de su 33 cumpleaños, la capacidad de volar pierde fuerza y en este regreso de Nunca Jamás el camino de vuelta va perdiendo el rastro…

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Lloviento reencuentros estúpidos.

Hoy, día de lluvia y de alma acartonada, será por los momentos imprevistos más que planificados, por poder evitarlo pero sin embargo seguir adelante y provocar un encuentro totalmente justificado. Él estaba allí, diferente, con el pelo demasiado largo, mirándome desde las alturas de su vuelo estúpido, alargando la mano de vez en cuando y tocándome la cara, provocando abrazos sin sentido, de esos tan geniales de apretarse fuerte y no decir nada, de tan solo querer sentir el otro cuerpo lo más cerca posible, como si fuéramos capaces de encontrar un grado de fusión entre ambos, como si pudiéramos volver a ser uno. Y otra vez vuelven a surgir los “lo siento”, tengo los bolsillos llenos de ellos, los guardo todos y cada uno aunque lleguen a deshoras, aunque no sirva de nada, y qué extraño vernos otra vez, en la soledad, sin paredes entre nosotros, sin tiempos, sin miedos, vernos con los ojos del alma marchita ya, gris de olvido, vernos como si no fuéramos nosotros, como si el tiempo que hubiera pasado no hubiese congelado el sentimiento, y con cada latido de mi corazón una sonrisa suya, una mirada de soslayo, una pregunta, un gesto, un “te doy todo lo que soy” pero sólo cuando yo quiero, no puedo lavar más esta toalla, lo siento, es mejor dejarla caer esta vez… Sin embargo hoy, más de un mes después sin saber nada el uno del otro, otra vez nos vemos, y otra vez sonrisas que reflejan momentos pasados, otra vez mentes que sobrevuelan realidades, otra vez un beso de despedida que no sabe si sobrevivirá entre tanto desamor.
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